EVANGELIO
San Mateo 4, 1-11
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: « Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"». Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras"». Jesús le dijo: «También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto"». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
COMENTARIO
DOMINGO 1 Cuaresma, A
22 febrero 2026
El ciclo A de la liturgia, que se usa en el presente Año Litúrgico, presenta las cinco catequesis modélicas, para preparar la celebración del Bautismo en la Noche Santa de la Pascua. Por consiguiente, se puede utilizar todos los años.
En el primer domingo de Cuaresma, con la primera catequesis, ya se anticipa, en la segunda lectura, el anuncio que será la gran noticia de la Pascua. En efecto, el apóstol Pablo escribe: “Si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos” (cf Rm 5, 12-19). Eso mismo lo cantará más brevemente el Pregón Pascual: “Feliz la culpa, que mereció tal Redentor”.
En el despliegue catequético y bautismal de la Cuaresma, el primer domingo constata también la existencia del primer pecado y sus consecuencias. Jesucristo, por el Misterio de la Encarnación, asumió toda la realidad humana, pero sin el pecado. Pese a ello, tuvo de afrontar la tentación y las consecuencias de la fragilidad de la naturaleza humana. Por esta razón, el evangelista ha querido afirmar que, después de su ayuno, sintió hambre. Y, al mismo tiempo, por ser parte del Pueblo de Dios, también hubo de vivir la experiencia de Israel, que durante cuarenta años estuvo dando vueltas, desorientado, por el desierto. Es fácil identificarse con esa realidad, porque cualquiera ha vivido tiempos y años de confusión y enredos donde hubo de dar numerosas vueltas y vueltas sin destino.
La experiencia de desierto, que vive Jesús, en la intención de San Mateo ocurre por la actuación del Espíritu Santo, que es quien conduce. Eso mismo ocurre en todo bautizado, que en el desierto puede tener el tiempo que necesita para la introspección y la reflexión. Los años del desierto fueron para Israel el tiempo para crecer, madurar y escuchar la voz de Dios, que le hablaba al corazón (cf Os 2, 14).
La oportunidad del desierto, sin embargo, conlleva el riesgo de una triple tentación. Las afrontadas por Jesús son una referencia valiosa para la Cuaresma.
a) No hay nada que demostrar
Esa es la respuesta frente al desafío de intentar la demostración de la fe, de los propios recursos y hasta de la propia vida. El tentador incita: si eres Hijo de Dios, demuéstralo y convierte las piedras en pan. La mentalidad contemporánea, heredera del cartesianismo, parece reclamar en el mismo sentido. En cambio, el misterio de la fe, como las cosas valiosas de la vida, son indemostrables. Para quienes siguen a Jesucristo basta con entregar su vida, convertirla en servicio y hacerse sumamente comprensivos. Acaso eso permita descubrir la autenticidad de la fe.
b) No resistirse a los planes de Dios
Y tampoco desafiarlo, intentar manipularlo o llamar la atención arrojándose desde el alero del Templo. Por eso, no instrumentalizar los espacios o las cosas sagradas. La vida cristiana y la presencia en la santa Iglesia no busca el propio protagonismo o promoción. La celebración no es para entretener o verse reducida a un espectáculo o tradición que conservar. No se trata de, como dijo el recordado Papa Francisco, de convertirse en momias de museo, sino de estar en el momento presente, con la puerta de la Iglesia abierta, para acoger, escuchar y ofrecer curación. Es decir, aceptar la iniciativa y colaborar con la voluntad divina.
c) No cansarse de ir contracorriente
Aunque la tentación ofrezca todos los reinos del mundo. Efectivamente, nada podrá separar del amor por Jesucristo. Ni el éxito, el prestigio, el poder, el dinero… Tampoco la mentalidad mundana, ni las consecuencias de la ingeniería social, ni la presión de las mayorías… Ser de Cristo supone aceptar la distancia de todos los pequeños reinos del mundo.
F. Tejerizo, CSsR
San Mateo 5, 17-37
En aquel tiempo, dijo Jesús: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "necio", merece la condena de la “gehenna” del fuego. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo: "No cometerás adulterio". Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”. Se dijo: "El que se repudie a su mujer, que le dé acta de repudio." Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio. También habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus juramentos al Señor". Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».
DOMINGO 6 tiempo ordinario, A
15 febrero 2026
Un domingo más, la Palabra de Dios suscita una oración de agradecimiento por aquello que se vive. En efecto, como dice San Pablo a los Corintios (cf 1 Cor 2, 6-10), hemos recibido la sabiduría de la fe, que alumbra toda otra sabiduría. Se trata de una sabiduría escondida, misteriosa, necesitada de revelación, pero acaso más importante que las demás. Precisamente, porque no es del mundo, ha de ser revelada. Una Revelación Divina, actuación del Santo Espíritu, que según enseñó el concilio Vaticano II, permite acceder a aquello que el ser humano no puede alcanzar con sus solas fuerzas naturales. Una sabiduría, tan necesaria o más que otras y que ilumina cualquier otro saber humano. Apoyada en ella, todo bautizado puede sobreponerse a la tiranía de la mentalidad técnico-científica actual. Pero, además, está urgido a aportar su luz al contexto social en que se encuentra. Se trata de algo muy necesario pues hoy existen muchos defraudados, que se apartaron de su fe y de la comunidad cristiana, porque sus imágenes y expectativas no coinciden con la realidad. Eso mismo pasaba en la comunidad cristiana del siglo primero a la que San Mateo dirige su Evangelio. Como se sabe, en ella había un buen grupo de cristianos procedentes del judaísmo que esperaban un Mesías y un Reino de Dios muy distinto al de Jesús. Además, también sufrían el rechazo de sus sinagogas y hasta la persecución. A ellos y a los cristianos actuales dirige San Mateo este pasaje donde asegura que todo lo vivido y recibido en el Antiguo Testamento no solo se cumplirá, sino que en Jesús es llevado a la perfección y su plenitud. Toda esa enseñanza se puede sintetizar en tres propuestas:
a) Hacer de la propia vida una ofrenda
A Dios y a los demás. Por ello, antes de presentar la ofrenda ante el altar, hay que reconciliarse con los hermanos y estar dispuestos al esfuerzo de la reconciliación mientras todavía se va de camino. Se trata, pues, de superar todo egoísmo aislante.
b) No vivir unas relaciones de mínimos
Porque Jesús lo lleva todo a la culminación. Él se coloca en el sitio de Dios, para rectificar y ampliar: “se dijo, pero yo os digo”. Así se amplia el horizonte del cumplimiento para ir más allá de lo mandado e, incluso, para distanciarse de aquella norma que empequeñece al ser humano. Por tanto, ni llamar imbécil y determinarse a extirpar aquello que pueda empequeñecer la vida. Como consecuencia, con la sabiduría de la fe se pueden eludir los integrismos y fanatismos.
c) Vivir la religión sin excusas
Donde no han de pretenderse las imaginaciones o ideas preconcebidas, donde no se conoce ni el cielo, ni la tierra, ni el porqué del color del pelo, ni se jura, ni se usa en vano el nombre de Dios y donde, ante Él, se dice sí o no, con todas las consecuencias, sin disimulos y con autenticidad.
F. Tejerizo, CSsR
San Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo".
DOMINGO 5 tiempo ordinario, A
8 febrero 2026
La sal y la luz son dos símbolos muy apreciados por la Comunidad Cristiana. Ambos son usados, referidos a la Pascua, en la celebración del Bautismo.
a) La sal
Tiene la capacidad de conservar y evitar la corrupción. En el Antiguo Testamento aparece relacionada con los pactos, los contratos y la Alianza. Es una forma de señalar que un pacto, una Alianza, no se rompe: “Es una alianza de sal, para siempre, delante del Señor, para ti y tu descendencia” (Num 18, 19). Evidentemente, son dos aspectos faltos de actualidad, porque hoy todo es mudable, breve, rápido, urgente y poco permanente. Y, al mismo tiempo, la posibilidad de la corrupción, que siempre es contagiosa y busca cómplices, también es algo prácticamente cotidiano. Que Jesús pida a sus discípulos ser sal supone reclamarles las dos cosas: estabilidad y resistencia a la corrupción. Desgraciadamente, muchos bautizados y tantas comunidades cristianas de Europa, sufren la falta de perseverancia y el deterioro de la vida evangélica.
b) La luz
Es aquella misma que aparece al comienzo de la Biblia: “Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra estaba informe y vacía; la tiniebla cubría la superficie del abismo, mientras el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Dijo Dios: «Exista la luz». Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena”. (Gn 1,1-4). En efecto, la Palabra del Señor origina vida y vida nueva. Y cualquiera puede iluminar u oscurecer la vida de los demás. Por eso, el Señor dijo de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12). Quien tiene una luz, no la esconde. El desafío consiste en descubrir, aceptar, cuidar y ofrecer la luz, los dones, los talentos… Toda la vida se despliega en la medida que se realiza ese esfuerzo de reconocer y asumir las propias luces, para hacer que brillen. Hay luces personales, sociales y espirituales. Personales, que capacitan para que cada uno sea original y distinto. Sociales, para disponer al servicio del bien común. Y espirituales, como la fe o la conformidad con la voluntad de Dios.
La sal, que ayuda a evitar la corrupción, el mal y el pecado; y la luz, que orienta la vida con el Evangelio, están al servicio de la conciencia de futuro, del mañana. Una intuición, específicamente humana, que dinamiza la vida e impulsa el esfuerzo por hacer un mundo mejor para aquellos que vienen detrás.
F. Tejerizo, CSsR
San Juan 12, 24-26
En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.
SOLEMNIDAD DE SAN CECILIO, obispo y mártir
Patrón de Granada
Domingo 1 febrero 2026
El Salmo de este día nos invita a “recordar las proezas que hizo el Señor”. Aquellas que hizo en nuestra Iglesia local a lo largo de los siglos y en cada uno de quienes hemos sido bautizados. El Señor no estuvo lejos de Granada, incluso en los siglos de la dominación musulmana.
La celebración de San Cecilio también recuerda su martirio. Después, han sido muchos los granadinos que derramaron su sangre por Jesucristo: San Rogelio de Parapanda, San Pedro Pascual y los Beatos Juan de Cetina y Pedro de Dueñas en la Alhambra, San Francisco Serrano y San Juan Alcover como misioneros en China, los Beatos Manuel Medina Olmos y Diego Ventaja y los muchos mártires granadinos del siglo XX.
El mártir siempre se siente parte de un pueblo, implicado en él y responsable del mismo. Su sacrificio y sangre derramada es un servicio para no traicionar al pueblo del que forma parte.
Es cierto que la palabra sacrificio no resulta agradable en nuestro contexto social, pero tampoco es algo extraño sino habitual. Se hacen sacrificios y esfuerzos diarios y que dan vida en favor de los hijos, de los esposos, de los ancianos, de los pobres… Otros, en la realización de la propia profesión, por razones de estudio o de salud.
El mártir se ofrece gratuitamente, no busca recompensa, ni culpa, ni venganza, sino la reconciliación. Su vida cotidiana refleja y se remite a otro: al Señor Jesús. Con Él se identifica y lo hace presente.
La identificación con Jesucristo le hace vivir como Él y por ello, anuncia su palabra, realiza la obras de la caridad y tiene el modo de ser cristiano en su vida cotidiana. Así, se convierte también en un signo de esperanza que reclama una triple negación: a los ídolos, a los poderos y al disimulo, que lleva a vivir como “cristianos anónimos” o reducidos al ámbito privado de la vida personal o el templo.
F. Tejerizo, CSsR