EVANGELIO

 

San Mateo 3, 13-17

 

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una luz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

COMENTARIO

 

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR

Domingo 1 TO-A

11 enero 2026

 

 

En semanas anteriores se ha comentado repetidamente que en la Primera Comunidad Cristiana, a la que San Mateo dirige su evangelio, hay un buen número de cristianos procedentes del judaísmo y que, por tanto, conocen bien el Antiguo Testamento y sus imágenes. Por eso, en este pasaje del Bautismo de Jesús, su autor ha usado imágenes conocidas y fácilmente identificables.

 

San Mateo, no estuvo en el Bautismo de Jesús. Todavía no había sido llamado por el Señor. En consecuencia, transmite este acontecimiento por lo que ha recogido y lo enriquece con sus aportaciones específicas.

 

En el relato hay tres protagonistas. Veamos.

 

a) Juan Bautista

 

Conoce a Jesús y sabe aquello que las Escrituras antiguas dicen sobre el Mesías. Por tanto, él tiene sus conocimientos, su mentalidad y sus ideas. Cuando se acerca Jesús para ser bautizado como uno de tantos, se resiste. Aquello que pasa no era lo previsto. Jesús le descoloca y le sorprende. Eso, para quienes tenemos fe, no es extraño, porque el Señor no deja de sorprender y destruir la imaginación. Juan, que prepara los caminos del Señor, termina por aceptar la realidad y que sus previsiones no coinciden con los planes divinos, y bautiza a Jesús.

 

b) Jesús

 

Aparece como uno de tantos. Es hombre en todo como los demás y, por ello, está entre el grupo de los pecadores. Ciertamente no tiene pecado, pero al nacer ha sido colocado en un contexto de pecado y afectado por los pecadores. Un pecado, que merece la justicia de Dios: su destrucción. Por tanto, reclama al Bautista que cumpla con toda justicia y colabore con los proyectos divinos.

 

c) Dios

 

Cuando Jesús es bautizado, el Evangelista acude al Antiguo Testamento y usa sus imágenes:

 

Los cielos se abren. Habían sido cerrados por el primer pecado. Ahora, necesariamente, se abren para quien no tiene pecado y que se ha identificado con los demás. Ya es posible escuchar a Dios y dirigirse a Dios. Esta es una imagen puesta de actualidad por el recordado Papa Francisco, que reclamaba una Iglesia de puertas abiertas. Si los cielos se ha abierto, ¿cómo la comunidad cristiana va a estar cerrada?

 

La voz de Dios, es aquella escuchada por Moisés en el Sinaí y que espantaba al pueblo situado al pie de la montaña. Su mensaje es revelación: así, se conoce el Misterio Divino del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

Esa voz, revela al Hijo amado. De esa manera se habla también de Isaac, el hijo de la promesa amado por Abrahan y reclamado en sacrificio. Es Jesús de igual manera es el hijo muy amado en el que se cumplen todas las Promesas Divinas y que habrá de ser obediente hasta el sacrificio.

 

La Paloma, es aquella que sobrevoló las aguas del Diluvio y que anunció a Noé la renovación de todo lo creado. Es el Espíritu dador de vida, que revoloteaba sobre el caos inicial del capítulo primero del Genesis y que puso en marcha la Creación. Ahora ese Espíritu culmina su obra creadora y lleva a su cumbre todo lo realizado. Y Jesús, el hombre en todo igual a los hombres e identificado con los pecadores sin tener pecado, es el Hombre Nuevo, lleno del Espíritu Santo, que es Señor y dador de vida. Este es el inicio de otro modo de vida para Jesús, que ya no vuelve a Nazaret, a su casa familiar y a su trabajo, y tampoco se une al Bautista, porque su misión es algo totalmente nuevo, que será origen de la Iglesia, con la llamada de los Doce. Él es el Hijo Único, el Predilecto, el Amado, al que se unen formado un solo cuerpo todos los bautizados, que reciben su mismo Santo Espíritu y son incorporados a la misma misión de Jesús, para la llegada del Reino de Dios.

 

F. Tejerizo, CSsR

 

 

San Mateo 2, 1-12

 

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y, venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”». Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

 

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

6 enero 2026

 

Este precioso relato de San Mateo, que dio origen a una gran celebración festiva y popular de la Navidad, me permite también tres reflexiones: política, religiosa y espiritual.

 

a) Política

 

El Rey Herodes es un idumeo, que ocupa el trono de Judea como vasallo de Roma. Era, pues, un extranjero y, además, impuesto por los dominadores. Se comprende, pues, que ante el anuncio de los Magos temiera por perder su poder. Eso le hace mentir e intentar manipular a los tres Magos. Nunca tuvo interés por adorar al Niño, sino que su pretensión era una pura lucha de poder. Sorprende el temor ante la posibilidad de ser derrocado por un Niño recién nacido, que tendría que crecer y eso supondría una espera larga. Actualmente, cuando también hay tantas luchas de poder, se comprende mejor aquello que el mismo Jesús dijo: “Mi reino no es de este mundo”.

 

b) Religiosa

 

Los Magos son hombres de ciencia e investigación. Son astrólogos que estudian el firmamento y que, a la vez, se encuentran abiertos al más allá. También se adentran en las escrituras antiguas y escudriñan en ellas algo más que lo que resulta de la primera impresión. Son personas que unen la investigación, el estudio y la ciencia con la posibilidad religiosa. Hoy, resulta un desafío armonizar ambas cosas.

 

Por otra parte, Herodes pide que los sacerdotes y los entendidos de la religión judía se pronuncien sobre aquello que dicen los Magos. Ellos se remiten a las profecías antiguas. Resulta sorprendente que no le den la mayor importancia. Eso también es actual, porque son muchos los creyentes que resultan indiferentes.

 

Finalmente, las Escrituras se remiten a la ciudad de Belén y, por tanto, a al sucesor del Rey David, que no será un jefe poderoso, sino un pastor. Quizá por eso, el Niño fue adorado primero por los pastores.

 

c) Espiritual

 

Los Magos llegan al Portal y adoran al Niño que está con su Madre. No se dice nada de San José. Tal vez, los Magos han de reconocer y creer en el Misterio de la Madre de Dios. La adoración, supone postrarse. Eso, para la arrogancia, engreimiento y autosuficiencia, de los hombres y mujeres del siglo XXI es todo un desafío. La adoración hace contemplar el Misterio y asombrarse al intuir las maravillas de Dios. Y finalmente, la adoración supone una ofrenda, unos regalos: el oro, signo de todo poder; el incienso, señal de todo culto y oración; y la mirra, símbolo de la humanidad, cuya vida y muerte está en manos de Dios. Esa adoración es la de quienes nos acercamos a Belén y entregamos nuestra vida al Señor.

F. Tejerizo, CSsR

 

 

San Lucas 2, 16-21

 

 

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacía Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto; conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

 

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

Octava de Navidad, 1 enero 2026

 

Ni el día primero de año, ni el día octavo de la Navidad, ni el símbolo del tiempo nuevo y eterno de la Pascua, ni el nombre de Jesús, son el primer motivo de la celebración de la Iglesia. El protagonismo recae sobre la Santa Madre de Dios, la Virgen María. En sus manos de Madre se pone el inicio de un nuevo año. En su transcurso habrá otras celebraciones de la Santísima Virgen, pero todas ellas, se remiten a esta primera.

 

Este pasaje del Evangelio parece referirse a la Virgen de doble manera. Por una parte, se dice que todos se admiraban y que Ella guardaba estas cosas en su corazón.

 

a) Todos se admiraban

 

Se puede suponer que los admirados eran los pastores, que se vieron inquietados por el canto navideño de los ángeles. Fueron testigos del encuentro entre el cielo y la tierra. María y José también pueden compartir la admiración, pero acaso ellos ya se habían asombrado mucho antes. En efecto, los dos habían compartido dicho encuentro en su realidad, porque para Dios no hay nada imposible, como había dicho el Arcángel Gabriel a la Virgen. La admiración no es solo por lo que dicen los pastores, sino por el misterio de la Virgen Madre y por el misterio del Niño, que es Dios y hombre. Todo ello, sin separación, sin confusión y sin mezcla. Toda Virgen y toda Madre. Todo Dios y todo hombre. Al comienzo del año, se propone el Misterio, que se actualiza en la Eucaristía. También en ella está toda la realidad del pan y el vino junto con el cuerpo y la sangre del Señor. Si el Misterio se acepta, será una referencia determinante y vinculante.

 

b) María meditaba en su corazón

 

Aquello que solo ella conoce y acaso comparte San José. Se trata de su ser transformado por la maternidad, sin perder la virginidad. Ambas cosas afectan a la persona y tienen un alcance físico. No solo cambia la personalidad, sino la corporalidad. Los esposos se cuestionan: ¿cómo Madre de Dios? ¿Cómo siempre Virgen? Esa virginidad perpetua les hace sentir el poder de Dios e identifica al Niño como Hijo de Dios. Entonces se descubre que el protagonismo es del Niño. Es Él, en su pequeñez y desvalimiento, el que todo lo hace posible. Es ÉL, quien en respetuoso silencio resulta elocuente. Tal vez, porque Dios también habla cuando calla.

F. Tejerizo, CSsR

 

 

San Mateo 2, 13-15.19.23

 

Cuando se retiraron los magos, el ángel del señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo». Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atacaban contra la vida del niño». Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

 

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

Domingo en la Octava de Navidad, 28 diciembre 2025

 

Dentro de la Octava de Navidad, el domingo que entra en esos días, se celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Son ocho días que simbolizan el tiempo nuevo y eterno iniciado con la Resurrección del Señor y con su Encarnación, ineludible exigencia previa.

 

La Palabra del Señor que se proclama este domingo parece aludir a tres niveles:

 

a) Nivel humano

 

La familia es una realidad humana que Dios ha querido asumir con su Encarnación. Se hizo hombre con todas las consecuencias, incluida el tener una familia y estarle sujeto. La primera lectura ,del libro del Eclesiástico (Eclo 3, 2-6.1214, puede ser aceptado por cualquier cultura o religión. Pero, además, la enseñanza de los sabios de Israel sobre los ancianos, viene a denunciar como hizo el recordado Papa Francisco la “cultura del descarte” donde los mayores no son tenidos en cuenta.

 

b) Nivel cristiano

 

En la carta a los Colosenses (Col 3, 12-21) el Apóstol Pablo se refiere a la santidad de la vida cristiana y reclama la compasión, la bondad, la mansedumbre, la paciencia… Y el amor, que es vínculo de la unidad perfecta. Junto a esos consejos hay otros dos, que pueden ofrecer dificultad. San Pablo es un hombre de su tiempo, que no podía ni imaginar la realidad de siglo XXI. Su afirmación sobre la sumisión de las mujeres a sus maridos la explica el mismo Apóstol cuando enseña que es un gran misterio que él refiere a Jesucristo y la Iglesia. En consecuencia, las esposas son la Iglesia, que se sujeta a su esposo Jesucristo. Y los esposos aman a sus mujeres como Jesucristo ama a la Iglesia (cf Ef 5, 21-33). Por otro lado, reclamar la obediencia de los hijos a los padres es otro desafío en estos momentos en que el contexto social favorece en los jóvenes eso que se ha venido en llamar “adanismo” y que, arrogantemente, inclina a pensar que todo comienza ahora.

 

c) San José

 

Sueña tres veces. Sabemos que el número tres es la perfección. En consecuencia, el sueño de San José es el sueño perfecto. En tres ocasiones José escucha la misma llamada que la hija de Jairo (cf Mc 5, 39-42) cuando Jesús, que afirma que la niña duerme, le dice: “contigo hablo, levántate”. Se trata, pues, de un signo de resurrección.

 

San José se duerme con tres preocupaciones, que van acompañadas de tres deseos, que afloran en el sueño y cuentan con la ayuda del Ángel del Señor. Su responsabilidad le hace temer por el niño y su madre. Los deseos que afloran, le movilizan: escapa de Herodes, intenta regresar de Egipto, huye de Arquelao…

 

Todas las decisiones de José son compartidas por María. Los dos, con Jesús en sus vidas, creen en Él. Aquel Niño, débil, vulnerable, necesitado de sus cuidados, es el Dios Todopoderoso de Israel. La fe de María y José resulta una fe valiente, que asume riesgos hasta cambiar, caminar o seguir los sueños. Y es una fe firme, que no se deja derrotar por los temores. Por último, es una fe obediente, que asume la voluntad de Dios. Un Dios-Niño, desvalido, que también es obediente a María y a José. Del mismo modo, cualquiera de quienes buscan cumplir en su vida la voluntad divina, experimentan que Dios también les obedece y se aguanta con las decisiones, los pecados y los errores que cometen.

F. Tejerizo, CSsR

 

 

San Lucas 2, 1-14

 

En aquel tiempo salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero. Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama.

 

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

Eucaristía de Medianoche del 24 al 25 diciembre 2025

 

El relato del Nacimiento de Jesús en Belén describe para la comunidad cristiana y para todo el Pueblo de Dios el acontecimiento decisivo de la historia de la humanidad. Al mismo tiempo, permite descubrir tres niveles de lectura y detenerse a considerar los tres elementos de un trayecto de vida.

 

Nivel histórico

 

Se trata de la situación vivida por María y José en la Nochebuena. Después del nacimiento de Jesús y de encontrar el portal donde se cobijaron, constatan un triple proceso que va:

 

a) Del miedo a la confianza. Cuando nace Jesús, se disipan sus temores y viven el primer momento de una confianza en los planes de Dios, que ya les acompañará toda su vida.

 

b) Del desasosiego a la serenidad. La inseguridad vivida en el viaje a Belén, en la falta de alojamiento, en la proximidad del alumbramiento de María… Todo se disipa cuando nace Jesús. Desde ese instante viven la serenidad del momento superado y de sentir la presencia de Dios con nosotros, que nunca deja solos.

 

c) De la duda y sospecha a la fe. Los interrogantes y las malas jugadas de la ilusión desaparecen al ver al Niño. María y José se encontraron con un niño desvalido, necesitado de calor, protección, alimentos y cuidados. El Dios grande de Israel, objeto de las promesas hechas a los padres, solo era un niño como cualquier otro. Nada particular lo diferenciaba de los demás: uno de tantos. Ante esa evidencia inesperada, ambos viven la fe en Enmanuel, que se ha confiado en sus manos.

 

b) Nivel personal

 

Cualquier cristiano experimenta en su vida esos trayectos. Las diversas situaciones y tribulaciones de la vida hacen pasar del miedo a la confianza, del desasosiego a la serenidad y de la duda y la sospecha a la fe. Al mismo tiempo, son trayectos que vive la Iglesia y en ella, quienes integran la comunidad cristiana. Igualmente sucede en los diversos acontecimientos de la historia humana.

 

c) Nivel celestial

 

Acaso sea demasiado pretencioso hablar de aquello que ocurre en el más allá, pero todos los recorridos comentados tienen su origen en el trayecto realizado por el mismo Hijo de Dios, que desciende de las alturas hasta nacer en la tierra. Se trata de algo tan exclusivo, que afecta al mismo “adentro” de Dios y que origina en el Cielo, por decirlo familiarmente, un “estropicio” tan inusitado, que hasta los ángeles se vieron sorprendidos y descolocados. Por ello, en lugar de seguir en el Cielo, ante la presencia divina cantando incesantemente santo, santo, santo, se acercaron a Belén para cantar otra cosa: “Gloria a Dios en el Cielos y en la Tierra paz a los hombres, que ama el Señor”

F. Tejerizo, CSsR

 

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