Evangelio

San Juan 11, 3-7.17.20.27.33B-45

 

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, tu amigo está enfermo.» Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea.» Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.» Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.» Jesús sollozó y, muy conmovido, preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?» Le contestaron: «Señor, ven a verlo.» Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!» Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?» Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: «Quitad la losa.» Marta, la hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.» Jesús le dice: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.» Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.» El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.» Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Comentario

DOMINGO 5 CUARESMA, A

29 Marzo 2020

 

En este domingo de Cuaresma resuenan con fuerza las palabras del Evangelio: Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios”. Es una afirmación provocadora -incomprensible sino desde la Cruz de Jesús- y que puede suscitar un lamento -y acaso reproche- como el de Marta: ”Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.”

 

Las palabras de la hermana de Lázaro a Jesús me permiten una doble reflexión:

 

a) Si hubieras estado aquí…

 

Resulta fácil sentir que el Señor no está a nuestro lado cuando la situación se percibe sin salida y uno se descubre vulnerable y frágil. Descubrirse así, lleva a percibir que aquello que se vive no era definitivo: si hubieras estado, el resultado habría sido otro. Es decir, que con Jesús las cosas pueden ser distintas. Y de hecho, así ocurre. Marta pone de manifestó su fe en aquel que todo lo cambia. ¡Qué necesidad tenemos los cristianos del siglo XXI de sentir que con el Señor todo es distinto y el origen de una nueva creación! Eso nos sacaría de posturas conformistas, nostálgicas, rígidas y cerradas. Jesús es quien abre los sepulcros y ofrece horizontes insospechados.

 

b) Lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá

 

Por eso, dice el salmista: “desde lo hondo grito al Señor, escucha mi voz, de ti viene la misericordia y la redención copiosa”. (cf Sal. 129) Al rezar así, todo momento de tiniebla – aunque sea tan densa como la sepultura de Lázaro o la oscuridad del Viernes Santo- conlleva una posibilidad de superación. En efecto, el Señor nunca abandona, se conmueve, llora y comparte el dolor. Él escucha a los atribulados como Marta e invita a renovar la confianza y a decir: “Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.” Así, se pueden intuir que Dios tiene nuevos planes, que no coinciden con nuestras previsiones y que son vida nueva, como la de Lázaro.

 

Lázaro estuvo cuatro días en el sepulcro. Cuatro días es un tiempo imperfecto, porque no es el tiempo de Dios, que son tres días. Actualmente llevamos ya tantos días imperfectos… ¡Son tantos, Señor, y hay tanta muerte! Necesitamos sentir tu compañía, que escuches nuestros gemidos, que no nos trates como merecen nuestros pecados y tengas compasión de quienes vuelven sus ojos a ti, confiados en tu misericordia (cf. Sal 122).

F. Tejerizo, CSsR

San Juan 9, 1.6-9.13-17.34-38

 

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». El respondía: «Soy yo». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.

DOMINGO 4 CUARESMA, A

22 Marzo 2020

 

En la Noche Santa de la Pascua, la Comunidad Cristiana celebrará y renovará el Sacramento del Bautismo. Y este cuarto domingo de Cuaresma, dispone a ello con dos importantes signos bautismales: el agua y la luz.

 

Este pasaje evangélico anuncia que el Bautismo supone una nueva creación. Que Jesús haga barro recuerda en modo en que, según el Génesis, Dios hizo al ser humano. Aquí, por tanto, aparece como Creador, que comienza a realizar una radical novedad de vida en aquel que se bautiza.

 

El bautizado, protagonista del relato, es un ciego de nacimiento. Se trata, por tanto, de alguien, que desde que comenzó su vida estuvo sujeto a las limitaciones de una naturaleza, que aguarda y gime a la espera de su plenitud.

 

El ciego es enviado a lavarse en Siloé, que significa enviado. Y precisamente es el “Enviado”, quien entrega con su Espíritu el agua que recrea y origina una “vida nueva”.

 

El pasaje evangélico permite descubrir tres movimientos, que acompañan toda la realidad de vida del bautizado.

 

a) Acercarse

 

El Señor se aproxima a quien está en oscuridad. Así, en esta Cuaresma desconcertante que vivimos, el Señor tampoco deja en las tinieblas. Él nunca se desentiende y aunque la tenebrosidad sea muy grande, sigue cerca e invita a su novedad. Eso hace también, que los cristianos no ignoren las situaciones más escabrosas y aporten en ellas la luz de la fe en Jesucristo.

 

b) Adentrarse

 

Jesús pide al ciego que se lave; y al hacerlo, comienza a ver. Quien vivió sin luz, ahora puede ver la realidad, pero iluminada por el Señor. En efecto, cualquier situación, con la luz de la fe, permite adentrarse en su realidad más profunda, y evitar quedarse en las apariencias, simples percepciones o imaginaciones. Con la experiencia de la fe, el que era ciego, puede discutir con quienes le preguntan y se refiere a aquello que ha experimentado. Por eso, se afirma y evoluciona procesualmente: Jesús, primero, es un Profeta; luego, señala y pone en evidencia a quienes no saben y termina creyendo en el Hijo del Hombre.

 

c) Descubrirse

 

La experiencia vivida hace que quien fue ciego pierda el miedo y aporte su experiencia: yo solo sé que era ciego y ahora veo. Sus padres, en cambio, no se atreven a pronunciarse. Pero ellos también sabían que su hijo nació ciego. Toda vida cristiana, apoyada en el encuentro con el Señor, que permite ver con su luz más allá de lo inmediato, se hace testimonio de lo vivido y sin adoctrinamientos.

 

F. Tejerizo, CSsR

 

 

 

 

San Mateo 1, 16.18-21.24a

 

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo, José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados. Cuando José se despertó, hizo lo que le había mando el ángel del Señor.

SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ

19 Marzo 2020

 

La celebración de San José, permite constatar que el Misterio de la Pascua, cuya celebración se prepara en la Cuaresma, reclama el Misterio de la Encarnación. El Misterio de la Fe es solo uno: el Señor Resucitado y todo lo que contiene.

 

En función de ese Misterio, está la persona de San José. Su referencia, especialmente en esta Cuaresma, puede ayudar a vivirla.

 

a) San José no se desentiende de su fe

 

Él es un hombre de fe. Y esa fe le permite aceptar la iniciativa de Dios en su vida, aunque sea desconcertante. Dios pide su colaboración y no se lo pone fácil. Le habla en sueños, pero él no se deja llevar por ellos, sino que se apoya en ellos, porque le aseguran aquello que él ya había percibido: que en su vida surge una novedad imprevista, que altera sus proyectos y le abre otros. La fe le hace intuir que se encuentra ante el modo divino de actuar, que siempre es imprevisible, genera novedades, abre nuevos horizontes y reclama la colaboración humana.

 

b) San José no se aparta de los planes de Dios

 

Que Dios se haga hombre conlleva ser parte de un pueblo. Ya no puede prescindir de la relación y mutua colaboración con quienes forman parte del mismo pueblo. San José, hijo de David, es representante de todo el Pueblo Elegido por Dios, donde pone su morada. Su fe le hace capaz de aceptar el Misterio de Dios y de colaborar con él, para que ocurra su Plan de Salvación. Su misión será nombrar al Salvador, porque Dios no es solo una idea, sino una experiencia de vida. Y él tiene la posibilidad de convivir con Dios y transmitir su presencia. El Apóstol Juan escribió: “lo que hemos visto, oído, tocado del Verbo de la Vida…” (cf 1 Jn1, 3). Y esa experiencia no la tiene San José en solitario, sino en colaboración con su esposa. La experiencia de Dios siempre es personal, pero nunca aísla, ni evade de la realidad.

 

c) San José no ignora a Dios

 

Como hombre realmente humano acepta a Dios. Solo los seres humanos son capaces y se descubren reclamados por Dios. Permitir en la incertidumbre la posibilidad divina, hace personas completas, sin recortar algo específicamente humano. Porque San José permite a Dios en su vida, se dispone a colaborar con él y a aceptar que se haga presente en ella necesitado de su atención y de sus cuidados. No ignorar a Dios le hace adorarlo con María, los pastores y los Magos en Belén. No ignorarlo, le hace protegerlo y huir de Herodes. No ignorarlo, le hace guardar silencio y contemplar asombrado aquello que nunca pudo pensar que iba a ocurrir en su vida.

 

F. Tejerizo, CSsR

San Juan 4, 5-42

 

En aquel tiempo, llegó Jesús a un ciudad de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber». Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva». La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna». La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén» Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad.» La mujer le dice:«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.» En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

DOMINGO 3 CUARESMA, A

15 Marzo 2020

 

Cada Cuaresma evoca la experiencia del Pueblo de Israel caminando por el desierto. También, los cuarenta días que el Señor pasó de ayuno en el desierto, donde fue tentado. Y nosotros, en la Cuaresma del presente año, también encontramos un desierto que, como todo desierto, tiene situaciones desconcertantes, imprevistas, inseguras… y donde se aprende la provisionalidad y a confiar en la Divina Providencia. Este desierto es una oportunidad de salvación: el Señor está con nosotros. Acaso esté cansado, como lo encontró la mujer samaritana, pero así es compañía y le vemos compartir la debilidad y fragilidad de nuestra humanidad, que él quiso asumir.

 

Este pasaje del Evangelio invita a considerar el contraste entre la postura de la mujer samaritana, que da rodeos antes de atender a la Palabra del Señor, y el final del relato, donde lo samaritanos afirman que ellos creen por sí mismos. Por otra parte, tanto la mujer como los discípulos se distraen de aquello que es esencial. Ellos fueron a comprar comida: pronto olvidaron que el Señor afirmó que el alimento auténtico es la Palabra de Dios. Y ella, tuvo dificultad para descubrir el agua que apaga la sed interior. Los samaritanos aportan aquello que es imprescindible para la fe: creer por uno mismo.

F. Tejerizo, CSsR

 

 

 

 

San Mateo 17, 1-9

 

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

DOMINGO 2 CUARESMA, A

8 Marzo 2020

 

Cada Cuaresma, en su segundo domingo, proclama el pasaje evangélico de la Transfiguración del Señor. En él, Jesucristo es el Salvador, que abre la posibilidad del más allá, cuya Palabra reclama atención y que levanta del polvo al que se encuentra derrotado.

 

a) El más allá

 

Solo los seres humanos tienen la aspiración de la hermosura. Y solo ellos intuyen la posibilidad de una hermosura inabarcable, capaz de colmar sus ansias. En este texto del Evangelio el Señor hace ver a sus discípulos el horizonte de la belleza resplandeciente, de la luz ilimitada y de más allá infinito, donde también está vivos Moisés y Elías, porque Dios no es un dios de muertos, sino de vivos (cf Lc 20, 38). Entonces la vida cambia y tiene brillo (cf 2 Tm 1, 10). No es igual una vida breve –acaso el más robusto vive hasta ochenta años (cf Sal 90, 10)- y limitada en el espacio y el tiempo, que una vida cuya perspectiva se expande más allá de la muerte. La vida que brilla no es la vida que luce a base de emociones intensas, de consumo caprichoso, de fama o prestigio aplaudido y de diversiones interminables. La vida brilla cuando se supera la tiniebla de aquello que la limita y se desborda la brevedad pasajera de un lugar y de un tiempo. Jesús, en el Monte de la Transfiguración, abrió los ojos y la mente de sus discípulos al más allá, que solo lo seres humanos sienten como necesidad.

 

b) Escuchar la Palabra

 

Mientras acontece esa culminación, una voz, venida precisamente de la eternidad, urge a escuchar la Palabra del Hijo amado del Padre. Cuando se está afectado por tantas palabras y palabrerías de los medios de comunicación serviles a los intentos de crear opinión, de las encuestas e ingeniería social puestas al servicio de la promoción de mayorías y del fenómeno de la información contaminada por las falsas noticias  –fake news-, el desafío que formula este pasaje evangélico es prestar atención –y más en Cuaresma- a la palabra de Jesús, que revela el Misterio de Dios y habla a cada corazón.

 

c) Puestos en pie

 

Esa Palabra se dirige a los Discípulos para ponerlos en pie y liberarlos del miedo. Acaso los cristianos de Europa también necesitan ese toque del Señor, porque están demasiado apegados al suelo y son víctimas inseguras del momento social en que viven y donde se ven reducidos en número y dolidos por el distanciamiento de tantos bautizados. El Señor invita a levantarse y superar el cristianismo convencional, para permitir la creatividad y la alegría que suscita un nuevo anuncio del Evangelio. Uno nuevo que, en muchas ocasiones, será el más difícil segundo anuncio de Jesucristo.

F. Tejerizo, CSsR

San Mateo 4, 1-11

 

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: « Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"». Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras"». Jesús le dijo: «También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"». De nuevo el diablo lo llevó a una monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto"». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

DOMINGO 1 CUARESMA, A

1 Marzo 2020

 

La serpiente de la primera tentación es un signo que permite descubrir el auténtico contenido de la misma. Cuando se escribe el libro del Génesis se recuerda que en Egipto la serpiente era considerada divina (Apofis) y, en consecuencia, sirve adecuadamente para indicar que el pecado consiste en abandonar al Dios de Israel, que ha sacado de la esclavitud, para seguir a dioses falsos. Cuando Adán peca y se esconde de Dios para seguir la propuesta de la serpiente, introduce una realidad contagiosa y que afecta a todos los humanos. Es como un virus, que se transmite y propaga, hasta que otro ser humano consiga generar “anticuerpos”, que sirvan como vacuna. Si por Adán se introdujo el pecado, por otro nuevo hombre –Jesucristo- se ha  originado la salvación.

 

El relato evangélico de las tentaciones a Jesús, con las que cada año se inicia el proceso cuaresmal, muestra el modo de hacer frente al tentador, sin ceder a sus artimañas. Con ellas, intenta apartar a Jesús de su misión y vocación. Se trata de un proceso espiritual –bajo la acción del Espíritu Santo, que empuja al desierto- y no de una circunstancia concreta o decisiones personales. Veamos una por una cada tentación

 

a) Que las piedras se conviertan en pan

 

Aunque el tentador desconoce quién es realmente Jesucristo y se dirige a él de modo condicional “si eres Hijo de Dios…”, sí tiene información acerca de la multiplicación de los panes. Ahora pretende que vaya más allá y convierta las piedras en pan. No se ha dado cuenta del motivo de la multiplicación: no fue realizada en provecho propio sino para los demás.

 

Jesús sintió hambre después de cuarenta días y noches. Puede parecer normal, pero no lo es. El hambre se siente el primer día de ayuno, sin tener que esperar cuarenta. Su respuesta al tentador pone en evidencia su ignorancia. Después de cuarenta días, el hambre no es de pan material, sino de aquel otro que sale de la boca de Dios.

 

Ya se dijo que estamos ante un proceso espiritual. Cualquiera que tenga esa experiencia puede recordar los momentos en que se vivió necesitado de una palabra divina para poder seguir con la misión encomendada por el Señor.

 

b) Tírate desde el alero del Templo…

 

…y entonces serás famoso, admirado y tendrás éxito. Pero te apartarás de la vocación y misión recibida. Los consagrados, y los esposos y los padres de familia, conocen cual es la llamada que han recibido. Y el desafío cotidiano es permanecer en ella, de modo que sea culminada sin verse adulterada. Se trata de colaborar con los planes de Dios, no de realizar otros. Y mucho menos si esos apartan de la propuesta recibida del Señor.

 

c) Todo esto te daré…

 

Y todo eso es nada, porque en realidad no te pertenece. Es un soborno que impide desarrollar la propia vocación y paraliza, para que todo siga igual. El malo usa la imaginación para pensar que puede dar algo mejor o para generar necesidades artificiales. ¿Qué pude ofrecer? ¿Una fortuna en la lotería? ¿Acaso que se imponga la nostalgia y todo siga lo mismo? ¿Puede haber algo mejor en una fantasía inexistente, que en una situación real y concreta? ¿Hay algo más valioso que la realidad donde se lleva a cabo la colaboración con el Señor?

F. Tejerizo, CSsR

 

San Mateo 6, 1-6.16-18

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

MIÉRCOLES DE CENIZA

26 Febrero 2020

 

La imposición de la ceniza introduce con un signo elocuente en el proceso de la Cuaresma. Reiteramos este gesto en un contexto secular, donde resulta llamativo realizarlo. Acaso, para algunos, resulte trasnochado y hasta macabro si se acompaña de la sentencia tradicional “recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás.” Probablemente, sea algo indiferente para una amplia mayoría, que se sitúa en la realidad posicionándose deliberadamente ignorantes de la posibilidad de toda trascendencia.

 

Para quienes tenemos fe, la Cuaresma supone un triple desafío:

 

a) Entra en tu cuarto

 

Se trata de una seria dificultad en nuestra realidad de superficialidad. El esfuerzo cuaresmal consiste en permitirse vivir en el propio adentro, que puede asustar. Reconocerse esa dimensión personal ayuda a aceptar el momento que se vive y, en consecuencia, la propia verdad. De esa forma, se superan infantilismos, detenciones en el propio proceso y adolescencias eternamente prolongadas. Al mismo tiempo, en esa hondura, se simplifican las cosas y hasta la propia fe, que se purifica elementos innecesarios y se consolida en su núcleo central.

 

b) Habla de Dios

 

Es verdad que este pasaje evangélico toma distancia de todo exhibicionismo y recomienda no llamar la atención de la gente. Sin embargo, el momento que vivimos reclama en esta Cuaresma un decidido testimonio misionero. El Evangelio requiere autenticidad y no fingir. Y ahí precisamente se encuentra el desafío actual. Ahora es el momento oportuno para realizar un segundo anuncio del Evangelio, que es más complejo que el primero. Hacerlo, supone el intento se superar el devaluado cristianismo convencional, señalar que la Iglesia no es el centro, porque el centro es Jesús, y presentar el interrogante del más allá.

 

c) Desbloquea

 

Se trata de perfumarse y lavarse, es decir, de quitar aquello que esconde y aparta. Como ha dicho el Papa Francisco, el Evangelio es alegría. La Cuaresma incita a un cuidado personal, comunitario y de los otros, que evidencie la posibilidad de la fe en la cultura actual, que eso no es un deterioro y que se puede vivir y prolongar la Misión del Señor, que nunca anula, como plenitud personal. Finalmente, que en un contexto de mayorías y pensamientos igualitarios se puede tener el coraje de ser diferente.

F. Tejerizo, CSsR

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