Evangelio

San Marcos 10, 35-40

 

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?». Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?». Contestaron: «Podemos». Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que s para quienes está reservado». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, llamándolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

Comentario

DOMINGO 29 TIEMPO ORDINARIO, B

21 Octubre 2018

 

 

El Evangelio se escribió para anunciar a Jesucristo. Después de escucharlo, unos desearán bautizarse e incorporarse a la comunidad cristiana. Y los ya bautizados, descubrirán en el seno de la misma comunidad las consecuencias de su Bautismo. Veamos cómo presenta este pasaje estas cosas. Para ello, nos fijamos en las personas que intervienen en el relato.

 

1. Santiago y Juan

 

Son dos discípulos influyentes. Ellos y Pedro ocupan un lugar preferente. Se podría decir que son líderes, que tienen sus aspiraciones y proyectos ambiciosos. Para llevarlos a término están dispuestos a realizar todo lo que sea necesario. Es fácil identificar a quienes desean los primeros puestos y aspiran a ser reconocidos. Todo grupo humano cuenta con estos líderes o con candidatos a serlo. Si psicológicamente están algo desajustados, se convierten en personas peligrosas.

 

2. Los diez discípulos

Cuando se enteran de las pretensiones de Santiago y Juan manifiestan por detrás su malestar y sus ambiciones. Ellos también tienen sus planes, pero pretenden de realizarlos de otra forma. Por eso, acuden al cotilleo y la murmuración. Se trata de otro comportamiento habitual de cualquier grupo humano.

 

3. Jesús

Conocedor de la situación que se ha generado en el grupo de los discípulos interviene para decirles que entre ellos las cosas han de ser distintas a como ocurre en el mundo.

 

a) Que sus discípulos no pretenden lugares de privilegio, porque Dios es el que concede a cada cual su lugar y aquellos puestos primeros –a la derecha e izquierda- ya los tiene concedidos, sin que nadie pueda pretenderlos o alcanzarlos por sus méritos.

 

b) Que sus discípulos han de estar dispuestos a beber su cáliz. Se trata de una decisión que habrán de tomar en libertad y que supone compartir el mismo camino y destino del Señor: estar dispuestos a ponerse a los pies para el servicio y a entregar generosamente la vida.

 

En este día del DOMUND, cuando la mentalidad del mundo también se introduce en la Iglesia, es maravilloso recordar a los 12.000 misioneros españoles que, sin deseo de fama o poder, entregan generosamente su vida para servir a quienes más lo necesitan y hacer posible que el Mundo se cambie en el Reino de Dios.

F. Tejerizo, CSsR

San Marcos 10, 17-30

 

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre». Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud». Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven sígueme». A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!» Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Peros Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios». Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando. Y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo». Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más - casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones - y en la edad futura, vida eterna».

DOMINGO 28 TIEMPO ORDINARIO, B

14 Octubre 2018

 

Las tres partes de este pasaje evangélico me permiten las tres reflexiones siguientes:

 

1. Virtualidad

 

Se trata de algo de mucha actualidad. La realidad se contagia de las posibilidades virtuales que nos rodean en la informática o la telefonía móvil. El protagonista del relato evangélico también vive de sus apariencias. Es una persona que corre tras Jesús, se postra ante él y se interesa, nada más y nada menos, que por la vida eterna. Para concluir tan extraordinaria presentación, asegura que ha cumplido todos los mandamientos. Pero, desgraciadamente, todo se viene abajo cuando Jesús le propone su seguimiento. ¿Acaso no existen hoy situaciones y personas similares? ¿No son numerosos aquellos, que aun siendo sinceros en su fe, cuando el Señor les invita se resisten a su propuesta?

 

2. Autosuficiencia

 

Hemos progresado tanto… La ciencia, la técnica, la economía… El aprecio por las propias habilidades y cualificación… Con tantos recursos y posibilidades, ¿quién estará necesitado de la salvación? Y así, vivimos un momento de exceso de confianza en las propias “riquezas”, que no logran responder a la más importante y exclusiva aspiración humana: la vida eterna. Algo, que únicamente corresponde a Dios.

 

3. Gratuidad

 

Ninguno de los bienes de la tierra satisface el deseo humano de eternidad. Alcanzarla es imposible por uno mismo y solo cabe recibirla gratuitamente. El Señor promete cien veces más a quienes dejándolo todo, se dispongan a compartir su vida. Quienes, como San Pedro, seguimos a Jesús en su Iglesia, sabemos qué supone recibir cien veces más de hermanos, familia, responsabilidades, pecados y persecuciones. Y, así, esperar gratuitamente, la salvación, la vida eterna.

F. Tejerizo, CSsR

San Marcos 10, 2-16

 

En aquel tiempo, acercándose unos fariseos, preguntaban a Jesús para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?» Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?». Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla». Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno se repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio». Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él». Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.

DOMINGO 27 TIEMPO ORDINARIO, B

7 Octubre 2018

 

Después de acoger la Palabra del Señor de este Domingo se hace necesario realizar el doble esfuerzo de prescindir de nuestra mentalidad técnico-científica y, acaso también, de una mentalidad tradicionalista.

 

a) Al principio de la Creación, Dios los hizo…

 

El relato de la Creación, que transmite el libro del Génesis, ha perdido toda autoridad debido a la mentalidad cientificista actual. Se trata de un libro de fe, para ser leído por el Pueblo de Dios. No es un libro ni de ciencia ni de historia y, por tanto, no se puede leer como si lo fuera. Eso no impide que permita constatar que el ser humano es el único de toda la creación, que es capaz de dar nombre a aquello que vive. En esa tarea, colabora con Dios, que fue origen y sostiene todo cuando existe.

 

En nuestra realidad de confusión intencionada, y generada por creadores de opinión e ingeniería social, conviene señalar que el Sacramento del Matrimonio es santo y conlleva la presencia del Señor en aquellos que se unen en su nombre. Se trata de una realidad de fe, distinta a cualquier otra relación o forma de convivencia.

 

También resulta oportuno indicar, frente a tantas propuestas de ideologías de género o igualitarismo, que no existe una propuesta de igualdad más concreta que la bíblica: “esta es carne de mi carne.”

 

b) Moisés permitió…

 

La mentalidad tradicional se enfrenta a la situación tan numerosa de tantos matrimonios que sufren la ruptura, la separación o el divorcio. La comunidad cristiana se encuentra con el desafío de saber acompañar tanto sufrimiento, sin excluir o condenar. Y si una ver ya Moisés lo toleró…

 

El Papa Francisco en su encíclica “Amoris Leticia” ha escrito: Para entender de manera adecuada por qué es posible y necesario un discernimiento especial en algunas situaciones llamadas «irregulares», hay una cuestión que debe ser tenida en cuenta siempre, de manera que nunca se piense que se pretenden disminuir las exigencias del Evangelio. La Iglesia posee una sólida reflexión acerca de los condicionamientos y circunstancias atenuantes. Por eso, ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada «irregular» viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante (AL, 301). Es más, en tantas de esas situaciones irregulares acaso pueda faltar un pleno conocimiento o fallar la necesaria libertad

 

Urge, pues, revisar la mentalidad tradicional y abrir espacios de acogida y acompañamiento. Al final de este texto evangélico, cuando se intenta excluir a los niños, el mismo Señor, los eleva en sus brazos y coloca en el centro de la reunión. En consecuencia, dentro de la Comunidad Cristiana, los más débiles y desvalidos, ocupan el lugar preferente y son los primeros destinatarios del Reino de Dios.

F. Tejerizo, CSsR

 

San Marcos 9, 38-43.45.47-48

 

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros». Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la “gehenna”, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna.” Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga».

DOMINGO 26 TIEMPO ORDINARIO, B

30 Septiembre 2018

 

Una vez más, la Palabra del Señor puede iluminar la realidad que vivimos. Veamos tres situaciones de mucha actualidad:

 

a) Fundamentalismo

 

Este pasaje evangélico detiene toda inclinación a una posible lectura literal del mismo. Si se intenta y se trata de llevar a la práctica, difícilmente habría algún cristiano que conservara todos los miembros de su cuerpo. Por tanto, conviene leer este exigente pasaje no en solitario, sino en relación con el resto del Evangelio, para descubrir el modo en que se complementan y limitan. Nunca unos versículos aislados o apartados de la lectura tradicional que ha realizado la comunidad cristiana, pueden absolutizarse.

 

b) Elitismo

 

La comunidad cristiana no forma un grupo de élite, de prestigio o de éxito. Al contrario, y como propone el Papa Francisco, es una Iglesia que tiene sus puertas para la acogida a cuantos puedan acercarse a ella. Sin embargo, la tentación de formar un grupo excluyente de escogidos o de afines, siempre está presente en la realidad eclesial. Cuando eso ocurre, la comunidad de encierra y se aísla, y se olvida de la misión que ha recibido del Señor.

 

c) Corrupción

 

Las palabras del Señor son una denuncia de enorme actualidad. Enfrentarse con ellas, lleva a descubrir el riesgo de la corrupción que también puede afectar a la comunidad cristiana. Siempre se puede vivir una vida que se aparte del Evangelio. Por ello, su proclamación, es un reto de autenticidad para todos los discípulos de Jesucristo.

F. Tejerizo, CSsR

 

San Marcos 9, 30-37

 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

DOMINGO 25 TIEMPO ORDINARIO, B

23 Septiembre 2018

 

Estos siete versículos del Santo Evangelio según San Marcos me permiten las siguientes reflexiones: una sobre la fe, otra acerca de la comunidad cristiana y la tercera referida a la propia vida cristiana.

 

a) La fe

 

El pasaje evangélico recoge una síntesis de fe, que se pone en labios del Señor. Su contenido resulta difícil de comprender, de aceptar y causa temor. Se trata de algo de enorme actualidad en la realidad post-cristiana de Europa. ¿Cómo entender la posibilidad de la resurrección? ¿Cómo explicarla acertadamente? A diario se puede constatar que otras propuestas, como la reencarnación -acaso más difícil de explicar- resultan más aceptadas. Además, la propuesta de la cruz no tiene nada de atractiva. Confesar esta fe, es comprensible que asuste y provoque rechazo.

 

b) La comunidad cristiana

 

En este pasaje está formada por los Apóstoles. Ellos son reflejo de una realidad que afectó a la comunidad cristiana desde sus orígenes y que conlleva deseos de poder y prestigio, discusiones internas y abandono de su misión de servir y acoger. Cualquier comunidad cristiana se puede contagiar de esta mentalidad mundana, que le distrae del Señor y de la misión que le ha sido encomendada.

 

c) La propia vida cristiana

 

Supone escuchar a Jesús y responder a sus preguntas, que inquietan: “¿De qué discutíais por el camino?” ¿Qué os distraía de estar atentos a la palabra y enseñanza del Señor? ¿Qué os retrasaba en su seguimiento?

La vida cristiana supone atender a Jesús y descubrirlo -sin distracciones- presente en aquellos con quienes quiso identificarse: los más frágiles y débiles.

Ser parte de la comunidad cristiana reclama la capacidad de servir y acoger sin reproches. Como el Papa Francisco ha sugerido, ser una Iglesia de “puertas abiertas” y “hospital de campaña”, para no distraerse del Señor ni de su misión.

F. Tejerizo, CSsR

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