Evangelio

San Juan 14, 23-29

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro lado." Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis».

Comentario

DOMINGO 6 DE PASCUA, C 

22 mayo 2022

 

“¡Oh, Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben” (Sal 66,4). Esta es la súplica de la Iglesia en este sexto domingo de Pascua. Es una petición que brota de la misma experiencia pascual: quien ha conocido el Misterio del Señor Resucitado necesita darlo a conocer. Ahí se encuentra el origen de la tarea misionera de la Iglesia. Una Misión, que es un envío interminable: el Padre envía al Hijo, el Hijo al Espíritu y la fuerza del Paráclito prolonga en la comunidad cristiana el mismo mandato. Es una cadena ininterrumpida, que confía en la esperanza suscitada por la Promesa. Aquella realizada por Dios a Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, y actualizada por Jesús en San Pedro, a nuestros padres, a quienes nos llevaron a bautizar…

 

En la Santa Iglesia se cumple la promesa hecha por Jesús a sus discípulos y en ella el Santo Espíritu hace posible la morada, la presencia de Dios entre los hombres. Este pasaje del Evangelio revela una doble actuación del Espíritu del Señor Resucitado:

 

a) El conocimiento. Se trata de la sabiduría de la fe y que resulta tan necesaria como la técnica, científica, histórica, filosófica… A la vez, es el conocimiento que ayuda a discernir y elegir los caminos y modos de afrontar las situaciones más complejas y fundamentales.

 

b) La paz. Esta es una urgencia muy actual; pero el Don del Espíritu no es la paz del mundo: esa que consiste en ausencia de agresividad y violencia. Eso, aunque es mucho, no es suficiente. La paz de Jesús es aquella serenidad que brota del propio interior a pesar de cualquier turbulencia. Es la misma serenidad del Señor crucificado y de la Virgen en el Calvario, que saben que Dios no abandona, no se equivoca, siempre cumple su Palabra y sus caminos y proyectos no suelen coincidir con los nuestros.

 

Esta Iglesia habitada por el Espíritu del Señor, es, según el Apocalipsis (cf Ap 21, 10-14.22-33), la Ciudad Santa, nueva Jerusalén, que baja desde el Cielo y que brilla como una piedra de jaspe cristalino. He aquí una imagen preciosa usada para describir a la Santa Iglesia y que permite identificar a esta joya con aquella otra piedra sobre la que el Señor prometió a San Pedro edificar su Iglesia. Además, los apoyos de esta edificación son los nombres de los doce apóstoles del Cordero. Se describe así el Misterio interior de la Santa Iglesia, que la hace resplandecer: la presencia del Resucitado donde dos o más se reúnen en su nombre, se proclama su Palabra y se celebra la Eucaristía.

 

Junto al Misterio, la Iglesia, como cualquier otra realidad humana, se organiza y estructura. El libro de los Hechos de los Apóstoles (cf Hch 15, 1-2.22-29) recoge el envío de Silas y Judas Barsabás con el primer Decreto formulado por el primer Concilio. Su contenido es normativo y sigue de actualidad:

 

A nivel eclesial: no poner más cargas que las indispensables. Eso a lo largo de los siglos se ha repetido al decir que Dios no pide imposibles.

 

A nivel personal: evitar uniones ilegítimas y, en consecuencia, procurar unas relaciones que sean auténticas, sinceras y sin manipulación.

 

A nivel social: no escandalizar. Para ello, evitar la idolatría y respetar la cultura del entorno en lo referente a la sangre y los animales estrangulados.

 

F. Tejerizo, CSsR

San Juan 13, 31-33a.34-35

 

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

DOMINGO 5 DE PASCUA, C 

15 mayo 2022

 

La liturgia, hábil pedagoga, invita a recorrer y a actualizar cada Pascua el itinerario que realizó la primera comunidad cristiana después de vivir la sorpresa y alegría de la resurrección del Señor. En este domingo, tres pasajes bíblicos ilustran una triple experiencia: el anuncio misionero de la resurrección (cf Hch 14, 21b-27), la identidad de la comunidad cristiana (cf Ap 21, 1-5ª) y el mandamiento del amor recogido en estos versículos del Evangelio según San Juan.

 

Se trata de aspectos que también están afectados por la realidad actual. Probablemente lo estuvieron en cada época.

 

a) La misión

 

El acontecimiento de la Resurrección fue tan inesperado y sorprendente que se hizo inevitable comunicarlo. Su anuncio resultó sumamente arriesgado pues cuestionaba demasiadas ideas, instituciones, costumbres, modos de vida…

 

En nuestro momento cultural, con abundancia de noticias y medios a su servicio, resulta complicada una propuesta que puede provocar inquietud, recelo y suspicacia. Quizá se precisa una corriente que facilite confianza. ¿Se puede dar crédito a los profesores, los médicos, los periodistas, los sacerdotes, los padres de familia, los amigos…?

 

b) La comunidad

 

Al servicio de la Misión se encuentra la primera comunidad cristiana. Ella se cuestiona sobre su propio ser y se descubre como portadora del misterio de la morada de Dios entre los hombres. En efecto, el Señor no se desentiende de sus discípulos y fiel a su palabra les asegura su presencia permanente.

 

Nuestra realidad contemporánea, que recela de las instituciones, también se distancia de la Santa Iglesia que, como cualquier otra institución, está hecha por personas humanas y con los fallos y debilidades propios de la condición humana.

 

c) Mandamiento del amor

 

Únicamente los seres humanos se sienten amados y necesitan amar. Solo ellos saben que reciben amor y se sienten impulsados a corresponder del mismo modo. Es una condición específicamente humana y consecuencia del ser depositarios de la imagen y semejanza divina. Precisamente este mandamiento nuevo lo reclaman a los cristianos hasta aquellos que no son creyentes.

 

La disposición para el amor genera unas nuevas relaciones. En primer lugar, con el Señor, que llama amigos a sus discípulos. También en el interior de la comunidad cristiana, donde se ha recibido el encargo del Señor del mutuo lavado de los pies. Y, por último, con todos las personas, en las cuales el amor se expresa como perdón y cuidado de las necesidades.

 

F. Tejerizo, CSsR

San Juan 10, 27-30

 

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

DOMINGO 4 DE PASCUA, C 

8 mayo 2022

 

La imagen del Buen Pastor ha sido y es muy querida por la Santa Iglesia. Ya en los primeros siglos se encuentra representada en las catacumbas de Roma.

 

Estos tres versículos del Evangelio según San Juan dicen sendas cosas dignas de consideración: las ovejas escuchan y el pastor conoce.

 

La escucha de las ovejas no es indiferente. Al contrario, supone que están atentas, que asienten y, acaso lo más complejo, consienten. Nuestra actualidad, de exceso de palabras, apenas tiene capacidad de atender a aquello que se comunica. Pero todavía es más difícil que se reciban con asentimiento y sin discrepar de lo recibido. Finalmente, consentir y permitir que el mensaje se asuma resulta más complicado. Por otra parte, la palabra del Buen Pastor es la única que puede introducirse en una vida, llegar hasta el corazón y afectar en lo más profundo del alma.

 

El pastor es el que conoce. Eso no es simplemente tener información y mucho menos en el contexto actual donde resulta fácil que pueda ser inventada, contaminada y manipulada. El conocimiento también reclama la experiencia y la prudencia. La experiencia hace posible que la información se corresponda con la realidad y la prudencia evita experiencias innecesarias o destructivas.

 

El conocimiento que tiene el Buen Pastor es triple:

 

a) Conoce el camino. Eso le permite ayudar a decidir por donde continuar. Siempre caben cuatro posibilidades: seguir de frente, a uno de los dos lados o regresar. Lo más fácil y seguro es la regresión. Las otras posibilidades implican riesgos. Antes de decidir, siempre hay que pensar, discernir y confiar en uno mismo y en el guía que hace la propuesta de avanzar. El reto cristiano es descubrir que Jesús mismo, además de pastor, es también el camino. Seguirlo, es una decisión de la libertad personal, que se atreve a confiar en Él, que tiene palabras de vida eterna.

 

b) Conoce a las ovejas. Las conoce en su interior y en su secreto. Sabe lo que necesitan, previene los riesgos y atiende a sus necesidades de descanso, comida y bebida. Les hace reposar en la oración, las alimenta con su propio cuerpo en la Eucaristía y sacia su sed con el agua y el don del Espíritu Santo.

 

c) Conoce el destino. Solo Jesús lleva a la Vida Eterna. Esa es una necesidad exclusiva y específicamente humana. Solo los seres humanos la perciben. El Señor Resucitado es el único que abre el horizonte ilimitado de un más allá anhelado y donde no existe ni disolución de la propia identidad personal, ni de la continuidad de la relaciones particulares, familiares, de amistad y de afecto.

F. Tejerizo, CSsR

San Juan 21, 1-19

 

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo; Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almorzad». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis corderos». Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Él le dice: «Pastorea mis ovejas». Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras». Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».

DOMINGO 3 DE PASCUA, C 

1 mayo 2022

 

Este pasaje evangélico, del último capítulo del Evangelio según san Juan, recoge la experiencia de la primera comunidad cristiana, después de la Resurrección del Señor. Tres símbolos sirven, para expresar aquello que la primitiva Iglesia vive.

 

a) El agua

 

El apóstol Juan, al ver el sepulcro vacío, dijo que “vio y creyó”. Aquí, en consecuencia, su fe le permite reconocer a Jesús y anunciar: “Es el Señor”. Pedro, entonces, se descubre desnudo, se ata su túnica y se arroja al mar. Es una reacción extraña. Si se lanza al agua, ¿por qué se viste? Su forma de actuar recuerda la escena del primer pecado, cuando Adán y Eva también se ven desnudos y pretenden esconderse de Dios. El apóstol Pedro, cuando salga del mar, estará purificado. El monstruo marino, el Leviatán, no le retiene en su entorno. Pedro supera su pecado. He aquí una imagen preciosa del Santo Bautismo, que vive la Iglesia y cuyas aguas son purificadoras.

 

b) La comida

 

Tiene lugar a orillas del Mar de Tiberiades. Allí mismo ocurrió la multiplicación de pan, del que comieron cinco mil hombres, sin contar ni mujeres ni niños. Con Jesús todo es sobreabundante: el pan, el vino de Caná, los peces y el exceso de su amor. En esta escena, el Señor tiene dispuesto el pan y repite el mismo gesto que usó en la cena del Jueves Santo. Él, parte y reparte el pan y la comunidad cristiana post-pascual ya lo identifica con el Cuerpo del Señor Resucitado.

 

c) La red

 

El apóstol Pedro se marcha a pescar y el resultado es un fracaso completo. ¿Acaso había olvidado que lo suyo ya no era pescar peces, sino hombres? Cuando logra pescar, aunque sea con la luz del día, es porque el Señor le dice cuándo y dónde hacerlo. La pesca abundante no rompe la red. Es otra imagen preciosa de la comunidad cristiana, donde caben todos y donde no ocurre ninguna destrucción. Ni la barca de Pedro se hunde en las tempestades, si su red se rompe, ni la casa edificada sobre su roca es derribada. El Señor ya le había dicho al Apóstol, que las fuerzas del mal no podrían con su Iglesia.

 

Por último, Jesús pide a Pedro que rectifique su triple negación. El Señor no le hace reproches, ni le plantea ninguna exigencia, simplemente le hace caer en la cuenta de aquello que es realmente importante para seguirlo. Y eso no es otra cosa, que ser su amigo y amarlo humildemente. Este es un buen texto evangélico para identificarse con San Pedro y decirle a Jesús: “Señor, tú lo sabes todo y sabes que te quiero”.

F. Tejerizo, CSsR

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