Evangelio

San Mateo 25, 31-46

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme". Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis". Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo". Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».

Comentario

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DE UNIVERSO

Domingo 34 Tiempo Ordinario, A

15 Noviembre 2020

 

Con la Solemnidad de Jesucristo Rey concluye el año litúrgico de 2020. Todavía resta por acabar el año cronológico, pero ya se puede afirmar que este año dejará una impronta señalada en la Historia Universal.

 

Se sabe que en la Historia, y en cada historia personal, hay diferentes periodos, tiempos, etapas, años… Todos no tienen la misma densidad y algunos son cruciales, porque determinan un final y un comienzo. El año 2020 va a ser uno de ellos.

 

En esta situación, el Papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti ha escrito que vivimos un momento de “deconstrucción” (FT-13), donde todo parece comenzar desde cero o se tiene la pretensión de reinterpretar los acontecimientos históricos desde el presente y según particulares  intereses ideológicos. Eso es signo de una exaltación de la autosuficiencia personal, que genera un egoísmo donde se reclaman derechos y se busca, el dinero, la diversión y el tiempo libre.

 

Con esta somera descripción, el conocido relato del Juicio Final me permite un triple reflexión, iluminada también por el magisterio del Papa Francisco en su exhortación Gaudete et exultate, donde él se refiere a este pasaje como el “gran protocolo” (GE-95)

 

En esta escena hay una triple revelación: sobre Jesucristo, sobre la comunidad cristiana y sobre cada uno de quienes acogen el texto.

 

Sobre el Señor Jesús, se revela su identidad: Él ha querido identificarse con los más pequeños y necesitados. En ellos se puede encontrar su rostro.

 

Acerca de comunidad cristiana, se descubre que el Señor no le interroga, por ejemplo, sobre la liturgia ni sobre la oración. Tampoco sobre su estructura, organización o economía. Jesús le pregunta por los demás: por aquellos con quienes se comparte la vida y la fe.

 

Y, a cada cual, el texto evangélico le permite reconocer su propia debilidad, pecado e infidelidad. Al mismo tiempo, aceptar que el Señor no prescinde de nadie, sino que precisamente cuenta con la fragilidad, para construir y adelantar la llegada de su Reino.

F. Tejerizo, CSsR

San Mateo 25, 14-30

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco". Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor". Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos". Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor". Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo". El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes"».

DOMINGO 33 TIEMPO ORDINARIO, A

15 Noviembre 2020

 

 

En el penúltimo domingo del año litúrgico, y con la lectura de esta conocida parábola, brota un triple agradecimiento al Señor, por todas las cosas concedidas, por su confianza en nosotros y porque él es exigente.

 

a) Gracias por lo recibido

 

Cuando se mira el año que concluye, con tantos acontecimientos y situaciones desconcertantes, se descubre también que el Señor ha seguido sosteniéndonos. Que él nos conoce bien y no ha anulado ni prescindido de ninguno. Su presencia y cercanía nos ha potenciado e impulsado, sin diluirnos. Sabe bien cómo somos, lo que necesitamos y podemos: semejantes y diversos a un tiempo. Y así, a uno ha concedido cinco, a otro dos, uno…

 

b) Gracias por su confianza

 

Resulta un desafío reconocer y aceptar aquello que cada uno tiene. Incluso, se puede llegar a pensar que se carece de algo, que sea realmente un talento. Pero hay tres, que son fáciles de constatar:

 

1. Talento de la vida, que es frágil y vulnerable. Y que hay que cuidarlo y sostenerlo, para que se realice hacia el plus del futuro.

 

2. Talento de la fe, que abre horizontes de más allá y que se adapta a tiempos, situaciones y lugares.

 

3. Talento de la Iglesia, donde se hace posible el encuentro con el Señor, y entre los creyentes y que se puede embellecer.

 

c) Gracias por exigir

 

Lo peor que puede ocurrir con un talento es esconderlo y guardarlo. Eso detiene, hace nostálgicos y piezas inertes de museo. El Señor reclama, que sus dones se dispongan para colaborar con sus planes. El miedo puede ser paralizante. Por ello, hay afrontarlo, adentrarse en la novedad y aceptar que dar el primer paso supondrá un segundo.

 

Todo esto está simbolizado en cada celebración de la Eucaristía: es el gran don que el Señor nos concedió. Confió tanto, que entregó su cuerpo y su sangre. Y sabemos que su comunión es exigente, para aquellos que se acercan y que no quedan indiferentes.

F. Tejerizo, CSsR

San Mateo 25, 1-13

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis". Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos". Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco". Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

DOMINGO 32 TIEMPO ORDINARIO, A

DIa de la Iglesia Diocesana

8 Noviembre 2020

 

Esta parábola alude a un banquete nupcial. Conviene recordar que todos los textos bíblicos que se refieren a banquetes son predisposición o prolongación de la celebración de la Última Cena y del sacramento de la Eucaristía.

 

En este relato, al contrario de lo que suele suceder, quien se retrasa es el novio y no la novia. La comunidad cristiana sabe que el esposo es el Señor, que ama a su Iglesia hasta dar la vida por ella. Y ella se percibe a sí misma dispuesta a entregar su vida por amor a su esposo Jesucristo. De ese modo lo hicieron un número incalculable de mártires.

 

Las doncellas que aguardan al novio se duermen, pero eso no es lo importante. Además, parece algo normal. Lo que interesa es mantener la lámpara encendida. La necedad es el descuido de permitir que se apague. Hoy conocemos a tantos bautizados que dejan que la luz de su lámpara se extinga…

 

En efecto, la Iglesia-esposa que celebra el banquete de la Eucaristía, es –como enseñó el concilio Vaticano II- la luz de las gentes. Por tanto, mantener la lámpara encendida supone, al menos, tres cosas:

 

Verse y vivirse; en consecuencia, percibirse a sí mismo. De esa forma, la comunidad cristiana siempre es una realidad experimentada por cada cual, antes que ser una reflexión o una discrepancia.

 

Mirar y vigilar. Se trata de descubrir la presencia del Señor, que no abandona, ni deja en la soledad. Él es el esposo, que llega victorioso. Es el mismo que se entregó en el Calvario y que se identifica con todos los que sufren. Entonces se le ve donde dos o más se reúnen en su nombre, en los Sacramentos y en aquellos con quienes quiso identificarse: los pobres, los enfermos, los que sufren…

 

Ver e iluminar, para alumbrar el camino y poder seguir adelante. Por grandes que sean las tinieblas, con luz se pueden disipar. Entonces surge una esperanza que permite acompañar a los otros con quienes se comparte la vida. Y se atisba personalmente un horizonte donde se supera la oscuridad de la muerte y se aguarda satisfacer el deseo de contemplar el rostro de Dios.

F. Tejerizo, CSsR

San Mateo 5, 1-12

 

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».

 

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

Domingo 31 Tiempo Ordinario

1 Noviembre 2020

 

Nosotros somos hoy los que venimos de la “gran tribulación” (Ap 7, 13). Algo que no es nuevo en la historia del Pueblo de Dios y en la historia de la humanidad. En esas situaciones, los cristianos tenemos la certeza y la seguridad de confiar en que la “tribulación”, por muy grande que sea –y aunque sea tan grande y tenebrosa como la Cruz del Viernes Santo-, no tiene la última palabra, porque “la Salvación es de nuestro Dios” (Ap 7, 10).

 

El Papa Francisco, en su exhortación Gaudete et exultate, ha enseñado que las tribulaciones son la ocasión para no dejarse derrotar y aprender a sobreponerse haciéndoles frente. Así es posible la santidad que él llama de “la puerta de lado”. Un proceso iniciado con el Bautismo y que a impulso del don del Espíritu Santo hace seguir adelante, sin desfallecer y con la confianza puesta en la obra que el Señor realiza en cada uno, en su Iglesia Santa y en la humanidad.

 

La santidad supone el esfuerzo por evitar la derrota que hace prescindir de Dios para poner la solución de las dificultades en los recursos humanos. Igualmente, es necesario no intentar construir un mundo sin Dios, que ponga su confianza solo en la ciencia, la investigación, la economía o la política.

 

La santidad hace afrontar las tribulaciones como un reclamo para volver una y otra vez al Señor, para centrar el corazón en él y para buscar su rostro. También comprende que es una ocasión para adelantar en el propio proceso de crecimiento personal y de santidad, por medio de la realización de pequeños gestos de bienaventuranza.

 

Para concluir, acaso es preciso preguntarse -como ha dicho el Santo Padre-, cuál es el mensaje que cada uno, en colaboración con los planes de Dios, ha de aportar al mundo, a la propia comunidad cristiana, a su familia y amigos, etc.

 

Así, en esta “gran tribulación” de 2020, buscamos el rostro del Señor, nos volvemos de nuevo a él y con pequeños gestos de bienaventuranza hablamos de su parte a tantos como lo necesitan.

 

F. Tejerizo, CSsR

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