Evangelio

San Juan 20, 19-23

 

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.

Comentario

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS, A

28 mayo 2023

 

El acontecimiento de Pentecostés, según el relato del libro de los Hechos de los Apóstoles (cf Hch 2, 1-11), coincide con la situación actual. Hoy, como entonces, pequeñas comunidades cristianas, con las puertas cerradas y acaso también temerosas, se encuentran rodeadas de una multitud de procedencias diversas y de una enorme pluralidad. La Comunidad Cristiana reunida, también recibe hoy el Don del Espíritu y ha de afrontar el riesgo de convertirse en una Iglesia de “puertas abiertas”, que identifica y anuncia las maravillas del Señor. Por ellas, se descubre que el Espíritu prometido por el Resucitado es quien hace posible la vida, la sostiene, impulsa, transforma y la orienta hasta su culminación.

 

a) Primera maravilla: el viento, el soplo y el trueno

 

El viento puede ser suave o impetuoso. Aliento de vida, que hace que Adán y Eva resulten seres humanos. Brisa de la tarde, donde el Profeta Elías percibe el alivio de la presencia divina. Viento impetuoso, que separa las aguas del Mar Rojo, para que el Pueblo de Dios lo atreviese y se vea libre de la esclavitud de Egipto. Gemido del Señor Crucificado, que expira desde la Cruz y entrega su Espíritu en la Iglesia que nace con la Virgen y San Juan al pie de la Cruz. Soplo del Señor Resucitado, que cumple su promesa y perdona los pecados.

 

El trueno es la voz de Dios que se escucha en la cumbre del Monte Sinaí y que hace que el rostro de Moisés se transforme y su persona sea enviada a colaborar con los planes de salvación previstos por Dios, que escuchó los lamentos de su pueblo sometido a la esclavitud.

 

Así es el modo en que Dios ha decidido ser Creador. Él comunica su aliento y crea gradualmente. Quizá con nuestra mentalidad actual sea mejor decir que crea evolutivamente, poco a poco, sin necesidad ni imponerse, y adaptándose a la realidad creada, para que colabore por sí misma en la obra iniciada por el Señor. Su crear es gratuito y permanente, porque no se aparta de sus criaturas y las sostiene vivas hasta llevarlas a la eternidad.

 

b) Segunda maravilla: hablar lenguas diversas

 

Este fue el desafío de la primera comunidad cristiana y también el actual. Se trata de encontrar el lenguaje adecuado y capaz de comunicar la experiencia de la fe y poder decir a los hijos, a los amigos, a los compañeros, a los alumnos, a las comunidades cristianas: mirad lo que el Señor hizo en mi vida. Eso es mucho más urgente que la doctrina, la norma o la tradición.

 

Por otra parte, hoy es fácil saber varios idiomas y vivir la confusión que genera la manipulación del lenguaje, el cambio del significado de las palabras y la invención de palabras que pueden no coincidir con la realidad. Al mismo tiempo, surgen lenguajes nuevos, sin palabras, con emoticonos que, por razón de su rapidez, pueden ser pura apariencia o superficialidad.

 

Cuando actualmente parece infrecuente el trueno de la voz de Dios o deliberadamente se le silencia e ignora, el Espíritu impulsa a la transformación, al crecimiento y la madurez que haga posible una comunicación adecuada, para proponer la novedad de Dios en la vida de cada persona, de la Iglesia y el Mundo.

 

c) Tercera maravilla: las lenguas de fuego

 

Aquellas lenguas de fuego se adentraron en el corazón de los Discípulos el día de Pentecostés, del mismo modo en que han señalado cada corazón al ser tocado por el Amor de Dios, derramado con el Espíritu Santo en el Bautismo y la Confirmación.

 

En efecto, fuimos amados con amor infinito y eterno por el amor de Jesús, que entrega la vida por los amigos. Su amor dejó en nuestro interior la huella, la herida de la esperanza o del Carácter Sacramental, que suscita un gemido que hace acudir a Dios desde la propia fragilidad, para que su misericordia consuele y fortalezca. La fuerza del amor de Jesús hace posible el impulso que mueve la oración y une al Señor para identificarse con la voluntad de Dios, aceptarla, colaborar con ella y permitir que culmine de manera extraordinaria la obra que Dios inició en cada uno, en su Iglesia y en el Mundo.

F. Tejerizo, CSsR

San Mateo 28, 16-20

 

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos.”

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR, A

Domingo 7 Pascua

14 mayo 2023

 

Toda la vida humana es un tránsito. El Señor Jesús, hombre en todo igual a los seres humanos, también realizó en su tiempo y espacio diversos tránsitos. En este día celebramos su tránsito, su paso culminante. Deja de estar sujeto al tiempo, para introducirse e introducir con él a toda  la humanidad en la eternidad.

 

Los diversos tránsitos que se atraviesan durante la existencia humana realizan la unidad de dos realidades distintas: la que concluye y la que se inicia. Se atraviesa un umbral pasajero que, sin prescindir de lo anterior, abre a la novedad y nuevas posibilidades. Transcurrir entre ámbitos, circunstancias, situaciones y etapas es todo lo contrario a estar estancados, detenidos, aislados o embobados “mirando al cielo” (cf Hch. 1, 1-11).

 

En este breve pasaje evangélico hay como tres tránsitos:

 

a) Tránsito de Jesús

 

Es su paso del tiempo a la eternidad y del espacio, al cielo. Este Misterio no es diverso del Misterio Pascual. La Iglesia, pedagógicamente, ha desarrollado durante los cincuenta días de la Pascua la celebración, explicación y anuncio del Misterio. Pero se trata de uno solo: el mismo del Viernes Santo. En efecto, allí en el Calvario y en la Cruz acontece todo: muerte, descenso a los infiernos, resurrección, ascensión y envío del Espíritu Santo. Todo en el mismo instante. Y en él, Jesús comienza a ser adorado. Ya no es solo el crucificado, sino el adorado. Por ello, el Viernes Santo adoramos la Santa Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del Mundo. Ya es el glorificado, el Señor y Rey, el Alfa y la Omega, el principio y fin, el Primogénito de toda criatura, el Sumo Sacerdote ante el que se dobla toda rodilla en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo y toda lengua proclama que Jesucristo es el Señor (cf. Fp 2, 10-11).

 

b) Tránsito de los Discípulos

 

Después de la Cruz y la Resurrección, los Once Discípulos regresan a Galilea. Todo había comenzado allí. (cf Hch 10, 37). Pero ahora bandonan Jerusalén donde predicó el Señor y no fue escuchado. Jerusalén ya es lo pasado y lo nuevo comenzó. Ahora se actualiza Galilea. En Jerusalén quedó la muerte, el pecado, la negación y la traición. De nuevo en Galilea, los Once se reconocen Comunidad Cristiana de bautizados que han recibido el encargo del Señor Resucitado de bautizar, anunciar su Evangelio y en señar a vivir como él.

 

c) Tránsito de cada Discípulo

 

Todo tránsito conlleva la toma de decisiones. Cada discípulo ha de escoger si quiere seguir pescando peces o será para el futuro pescador de hombres. Es una opción que cada cual toma en medio de dudas, dificultades, inseguridades… Para hacerles frente, el Señor promete su compañía y presencia permanente. Ningún discípulo estará solo y contará con la fuerza del Espíritu del Señor, que les ayudará a vencer todo miedo, desconfianza, vacilaciones e incertidumbres.

F. Tejerizo, CSsR

San Juan 14, 15-21

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él»

DOMINGO 6 PASCUA, A

14 mayo 2023

 

La Palabra del Señor, que se proclama en el presente domingo, contiene una triple promesa, que la Comunidad Cristiana vive y que la impulsa en su desarrollo y crecimiento.

 

a) La promesa del Espíritu Santo

 

El Señor envía sobre su Iglesia y cada uno de sus miembros la Gracia de su Espíritu. Lo hace desde la Cruz y en el día de Pentecostés. Muy pronto la Comunidad Cristiana descubre que puede transmitir ese Don y en la primera lectura de hoy, la ciudad de Samaría recibe la Confirmación (cf. Hch 8, 5-8.14-17). El efecto de esa comunicación es doble: la ciudad se llena de alegría y ocurren numerosas curaciones. En consecuencia, la alegría es la señal que indica que no se pone obstáculo a la acción del Espíritu Santo en las personas, las familias, las comunidades cristianas, las sociedades... Lo mismo ocurre con las curaciones. El Espíritu del Señor hace posible el perdón de los pecados, el consuelo en las dificultades y la fortaleza que hace sobreponerse a toda adversidad.

 

b) La promesa del amor

 

El Espíritu Santo es el amor del Señor y su comunicación supone la participación en ese mismo amor que, como todo amor, es gradual, se desarrolla a lo largo de la vida y se experimenta como misericordia. En efecto, Dios nos hace sentir tratados misericordiosamente y descubrirse capaces de practicar la misericordia. Vivir el amor es un dinamismo que brota de participar de la inmensidad del amor del corazón de Jesús. Eso reclama no quedarse en la superficie por muy atractiva que sea, sino adentrarse en las profundidades “oceánicas” -dejadme usa esa imagen-, donde se descubre la belleza del propio interior, que solo Dios conoce bien, y en la hermosura de quien es autor de toda la creación. El dinamismo del amor lleva a participar en la vida y oración del Señor Jesús, que suscita la acción de su Espíritu.

 

c) La promesa del regreso del Señor

 

Es el origen de la esperanza cristiana. En efecto, no estamos solos y el Señor vuelve. En consecuencia, la Comunidad Cristiana reza: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor Jesús!” Esa espera, a impulsos del Espíritu Santo, hace que los cristianos no sean personas nostálgicas, que desean el pasado. En efecto, en el ayer está el Calvario, la traición y la negación del Señor. También está el propio pecado. Hoy es urgente superar esa tentación, para que no se recuerden los acontecimientos movidos por el recelo o la revancha, sino con misericordia. La esperanza, sostenida por obra del Espíritu Santo, vive el presente con la práctica del discernimiento, que lleva a identificar en los signos de los tiempos la voluntad de Dios y a compartir los gozos y esperanzas de los hombres, para distanciarse de todo aquello que no es de Dios. Finalmente, la esperanza se atreve al esfuerzo y sacrificio que reclama preparar el mañana, que es cuando viene el Señor. Con Él llegará su reino, que ahora se prepara con el esfuerzo, para dejar las cosas mejor a quienes vienen detrás de nosotros.

F. Tejerizo, CSsR

San Juan 10, 1-10

 

En aquel tiempo, dijo Jesús: Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y, salir, Y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

DOMINGO 4 PASCUA, A

30 de abril 2023

 

La liturgia pascual introduce de modo pedagógico en la experiencia de la Resurrección del Señor y de su historización en la vida de la Iglesia. Después de los días de la Octava, que simbolizan la vida nueva que brota de la Pascua, se actualiza y reflexiona sobre el Santo Bautismo, seguidamente acerca de la Eucaristía y, en este cuarto domingo, en la prolongación del ministerio pastoral de Jesús en los responsables de la comunidad cristiana.

 

Este pasaje evangélico tiene un versículo en su mitad, que sirve de consuelo. En efecto, los Discípulos, acostumbrados a escuchar la voz del Pastor, sin embargo, “no entendieron de qué les hablaba”. Los cristianos de hoy no son más que ellos y en muchas ocasiones también les cuesta comprender la Palabra de Jesús.

 

El Pastor, no es un ladrón. Es decir, no se impone violentamente y tampoco asalta a su rebaño. Les respeta y acepta en sus peculiaridades, porque conoce bien a sus ovejas.

 

La voz del Pastor es una voz exclusiva, que las ovejas identifican. En nuestra realidad contemporánea donde abundan las voces y propuestas plurales, múltiples, enfrentadas, arrogantes y que generan confusión, es muy necesario reconocer la voz única y capaz de orientar la vida de las ovejas. Una voz, que ofrece confianza, porque no manipula, es sumamente respetuosa, insinuante, tranquilizadora y capaz de orientar en el sendero.

 

En la Europa post-cristiana actual, donde la ingeniería social tiene tantísima fuerza y condiciona las decisiones en función de ideologías emergentes o de intereses económicos, la escucha de la voz del Buen Pastor puede generar “minorías creativas que determinan el futuro”, como enseñó el recordado Papa Benedicto XVI, que sean significativas y alternativa contracultural a la imposición del pensamiento único y el poder de las supuestas mayorías y los intereses financieros.

 

La voz del Pastor es también una puerta que permite al acceso del Misterio. En primer lugar al misterio de cada persona. Eso reclama en cada cual el reconocerse en su propia originalidad, creada, sostenida y querida por Dios; y aceptarse en ella. Solo así se puede dar el crecimiento y la realización de la propia persona, sin caretas o simulaciones. La persona del Buen Pastor también es puerta para acceder al Misterio de Dios y a la curación salvífica de las heridas del Jesús. La Santa Iglesia, con sus puertas abiertas como propone el Papa Francisco, también hace posible el acceso a su Misterio, que ayuda a superar miedos, comodidades y defensas. Finalmente, nuestras sociedades precisan de abrir sus puertas a la realidad de Dios. Si le vuelven la espalda y prescinden de su voz, seguirán desorientadas y se negaran a la realidad innegable y capacidad exclusiva del ser humano de su condición religiosa. Negar eso, siempre será una mutilación.

F. Tejerizo, CSsR

San Lucas 24, 13-35

 

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén nos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?» Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón» Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

DOMINGO 3 PASCUA, A

23 de abril 2023

 

La lectura y proclamación litúrgica de este pasaje evangélico permite descubrir una estructura casi teatral. Se puede decir que está compuesto de dos actos y un intermedio. Veamos.

 

a) Acto primero: en el camino

 

Los dos que caminan suscitan un interrogante: ¿por qué se marchan? Ellos tienen toda la información: lo que ha pasado a Jesús, el sepulcro vacío, la apariciones a las mujeres… Vamos que, aunque fuera por curiosidad, tendrían que haber permanecido en Jerusalén. En cambio, se marchan. ¿Tenían prisa o algo urgente que atender? ¿Estaban desencantados o atemorizados?

 

La experiencia de los dos de Emaús no resulta extraña. Hoy numerosos los que se apartan de la fe de su Bautismo, de la práctica sacramental y de la comunidad cristiana. Actualmente, también son muchos los faltos tiempo, con estrés y demasiadas cosas que atender. Igualmente son abundantes aquellos que se apartan, si no atemorizados, acaso sin ganas de verse implicados o complicados. Todas esas cosas dificultan la visión y hacen que resulte imposible reconocer al Señor, que siempre camina al lado.

 

En efecto, el Resucitado no abandona nunca a los suyos; incluso les acompaña cuando se retiran de Él. Además, hace que durante el trayecto de alejamento se presenten cuestiones abiertas. Ciertamente, Él lo conoce todo, pero también desea escuchar a quienes se van. Conviene, pues, hablar al Señor y decirle qué pasa y qué se vive.

 

b) Intermedio: les explica las Escrituras

 

Jesús, que no se aparta, recuerda lo ya sabido. Si desde antiguo conocéis la Palabra de Dios y los acontecimientos de la Historia de la Salvación… Basta entonces con recordar y descubrir el sentido de aquello que se vive en el momento presente, a la luz de los precedentes.

 

Después, hace ademán de seguir el camino, sin detenerse. Tal vez sea oportuno recordar que el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. Pararse, es perderle de vista.

 

c) Segundo acto: la Cena

 

Los dos caminantes, le invitan a sentarse con ellos y el Señor acepta. Atreverse a estar con Él en la mesa es una oportunidad. Entonces, pronuncia la bendición, parte el pan, lo distribuye… Los ojos se abren. El gesto es el mismo que ya conocían de haberlo visto en la Cena del Jueves Santo. El Pan de Emaús es el mismo de la Última Cena y el mismo de cualquier celebración de la Eucaristía: es el cuerpo entregado y resucitado de Jesucristo. Por tanto, su figura ya no es precisa. Basta con reconocerle en el Pan con el que quiso identificarse.

 

En consecuencia, cada vez que se cena con el Señor se actualiza la fe, se tiene la oportunidad de rectificar la ruta, las decisiones, los pecados… Y ocurre el reencuentro con la Comunidad Cristiana. Ya no importan, las razones del distanciamiento, pues se ha descubierto que, a pesar de sus fallos, la Iglesia mantiene el mismo anuncio: “Verdaderamente ha resucitado el Señor”. Y sentada a la mesa, reza: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección. ¡Ven, Señor, Jesús”.

F. Tejerizo, CSsR

San Juan 20, 19-31

 

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.» A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

DOMINGO DE LA OCTAVA DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR, A

Domingo 2 de Pascua, de la Divina Misericordia

16 de abril 2023

 

Esto se han escrito para que creáis y para que, creyendo, tengáis vida. Con estas palabras el evangelista Juan ha dicho la finalidad del relato de la aparición del Señor Resucitado a Santo Tomás. Siempre hay que agradecer a las dificultades de fe del Apóstol, porque sirven de ayuda para las nuestras. Al mismo tiempo, San Juan aprovechó este pasaje, para hacer frente a tres dificultades de la primitiva comunidad cristiana, que todavía mantienen actualidad.

 

La primera cuestión que aborda se refiere a la inquietud sobre el cadáver del Señor. ¿Qué pasó con los restos mortales de Jesús? ¿Cómo quedó el sepulcro vacío? Es una pregunta que brota del amor, porque el amor lleva a cuidar los de cuerpos de las personas queridas. Ese cuidado es el origen de la primera virtud cristiana: la caridad. La otras, desaparecen, pero la caridad no tiene fin. El cuidado del cuerpo, es amar a las personas, que tienen cuerpo. Algo muy necesario en nuestro contexto donde el manipula, destruye, mutila el cuerpo humano.

 

La segunda inquietud se origina al preguntarse en qué consiste la Resurrección. La invitación a tocar las heridas del Señor, que aunque abiertas, ya no sangran, suscitan la esperanza cristiana. En efecto, aguardamos que a nosotros y nuestros seres queridos les pase igual al Señor. Si eso no ocurre, como dice San Pablo, vana es nuestra fe. Aguardamos mantener la identidad personal, reconocernos y poder encontramos con las personas queridas que nos precedieron, que también serán reconocibles y con las que se podrá reanudar el diálogo, igual que lo hizo el Señor con Santo Tomás.

 

En tercer lugar, el Señor realiza el envío de los suyos, para hacer posible el perdón de los pecados y, en consecuencia, una forma nueva de relación. Dicho envío es el origen de la fe. Quienes somos cristianos sabemos que hemos recibido el Santo Bautismo y la Fe de la Santa Iglesia. Sin ella, Jesucristo habría desaparecido de la historia de la humanidad. Alguien tuvo misericordia de nosotros cuando nos llevó a bautizar y cuando nos ayudó a conocer la Resurrección del Señor, centro de la fe cristiana. Esta misericordia acompaña a las tres virtudes cristianas. El amor, se convierte en obras de misericordia. La esperanza confía en la misericordia ilimitad de Dios. La fe se recibe por la misericordia con que nos trata la Iglesia. Y por la misericordia de quien nos anuncia al Señor.

F. Tejerizo, CSsR

San Juan 20, 1-9

 

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y le dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.” Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.

DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR, A

9 de abril 2023

 

El anuncio del Sepulcro vacío, señala un antes y un después. Lo previo, es historia. Lo posterior, es fe vivida y transmitida en la historia por los enviados como María Magdalena. Ella realiza el primer anuncio y permanece hasta hoy como testigo excepcional de un acontecimiento discreto, sencillo y respetuoso, según el modo de actuar del Señor Jesús.

 

Los apóstoles Pedro y Juan cuando acuden al Sepulcro y lo encuentran vacío, aunque recogido y ordenado, se regresan desesperanzados. Conocemos a tantos cristianos así…

 

Magdalena, por el contrario, aguarda junto al Sepulcro. Su fe le hace intuir que todo lo que ha vivido con Jesús no puede acabar en un fracaso completo, hasta la desaparición. Ella es modelo de una fe que se atreve a resistirse ante la fatalidad, se mantiene perseverante y aguarda con firmeza.

 

Juan, el apóstol amado del Señor y que escribe este pasaje, al entrar en el Sepulcro dice que vio y creyó. Ese creer le hará descubrir que lo importante de la fe no es solo la gratificación encontrada al reclinar su cabeza sobre el pecho de Jesús, sino que, como Magdalena, necesita perseverar en su amor.

 

Pedro, la piedra sobre la cual Jesús edifica su Iglesia, ha de aprender de la firmeza de Magdalena, sin retirarse descorazonado cuando las cosas no coinciden con sus planes o imaginación.

 

María, por su parte, acaso igual que la Virgen y la Iglesia, ha de mantenerse junto al interrogante del sepulcro y resistir, aunque sea en horas intempestivas y en lugares periféricos, hasta que escuche la voz del Maestro, que la llama por su nombre. En efecto, el Señor realmente ha resucitado y la Santa Iglesia no puede cansarse de atender su Palabra y no callará el anuncio de la Buena Noticia de la Pascua.

F. Tejerizo, CSsR

San Mateo 28, 1-10

 

Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis." Mirad, os lo he anunciado." Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús, les salió al encuentro y les dijo: No temáis. Ellos se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.

VIGILIA DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR, A

En la Noche Santa del 8 al 9 de abril 2023

 

“¡Qué noche tan dichosa! Clara como el día, que une lo humano con lo divino…” Este es el anuncio que a lo largo de los siglos ha cantado la Santa Iglesia y que intenta transmitir su experiencia y su gozo. 

 

Pero esta Noche Santa se encuentra con la dificultad del momento actual en que el anuncio de la Resurrección del Señor no tiene prácticamente incidencia en la vida.

 

La mentalidad contemporánea se resiste a recibir el anuncio de la Pascua. Esa noticia, es encargo Jesús a la mujeres y el mismo que a lo largo de los siglos la comunidad cristiana no deja de referir como centro de su fe y motivo de su esperanza.

 

El contraste actual ocurre con tres pensamientos ampliamente extendidos:

 

a) El mundo se explica por sí solo. La ciencia parece tener respuesta para todo y existe más fe en la teoría de la evolución, que apertura al relato de la Creación anunciado esta noche. Así, la primera letra griega, grabada en el Cirio Pascual, está obsoleta: Dios ya no es Alfa, no es el principio, y se prefiere aceptar resignadamente un origen que es fruto de la casualidad, antes que una decisión divina.

 

b) Dios no tiene nada que decir en la Historia de la Humanidad. Y mucho menos en este momento en que la Historia se puede releer, manipular e interpretar, para que los acontecimientos desgajados de su contexto puedan significar algo no coincidente con su realidad. Así, todo el anuncio de los diversos acontecimientos de la Historia de la Salvación, que esta noche hace la Iglesia queda reducido  a unos relatos fruto de la imaginación. Ni la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, ni el sacrificio de Abraham, ni los mensajes proféticos tienen hoy relevancia. Se puede prescindir de todo, para reducirse a un adanismo ingenuo y prepotente. Siempre dijo el sentir popular que la ignorancia era muy atrevida.

 

c) El ser humano no necesita para nada ni la resurrección, ni la vida eterna, ni la inmortalidad. Lo realmente necesario es prolongar la vida, siempre que sea una vida divertida. De lo contrario, se puede suprimir o manipular. Al servicio de ese prolongar está la medicina y los avances de la investigación científica. También todo lo contario: los mismos adelantos que dilatan, también pueden acortar.

 

La fe cristiana, en esta situación y como hizo en otros tiempos pasados, mantiene su anuncio del Señor Resucitado. Acaso, porque solo en Él hay respuesta para una doble aspiración humana: el deseo del reencuentro con las personas queridas que ya no están y la pretensión de una justicia definitiva que permita reparar todo el mal y el dolor del mundo. En efecto, hay cosas que claman al Cielo: terrorismo, guerras, campos de concentración… Si todo eso queda en el olvido, algo falta a la humanidad para ser realmente humana.

 

Finalmente, hay una doble experiencia propia de los creyentes: sentir que la realidad está falta de un más de felicidad y reconocer que en el adentro personal ya se ha tenido la percepción de la presencia de Dios.

 

F. Tejerizo, CSsR

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