Evangelio

San Lucas 3, 15-16.21-11

 

En aquel tiempo, como el pueblo estaba expectante y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajo el Espíritu Santo sobre Él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco”.

Comentario

Domingo 1 Tiempo Ordinario, C

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR

9 Enero 2022

 

Fuimos bautizados con Espíritu Santo. La profecía de Juan se ha cumplido y realizado en nosotros. Damos gracias al Señor, porque nos bautizaron y por quienes lo hicieron posible. Nos dieron el mejor de los regalos de toda nuestra la vida. Desde aquel momento, el Santo Bautismo inició en cada uno un proceso de santificación y de salvación, que continua y llegará a su plenitud. Mientras, se vive una triple experiencia:

 

a) Lo inapreciable: ser bautizados

 

El momento actual, desgraciadamente, ha derivado en una situación donde muchos bautizados ignoran su bautismo o reniegan de él. Como consecuencia, crece una desafección que impide que muchos niños y jóvenes sean bautizados. En cambio, quienes vivimos el bautismo experimentamos que somos quienes somos gracias a que fuimos bautizados. Sin el Bautismo hubiéramos sido personas distintas y no pensaríamos como cristianos y personas de fe. Es verdad que, en ocasiones, se nos contagia la mentalidad del mundo, pero nuestra realidad es otra. Cuando se rechaza el Bautismo se prescinde de la propia identidad y del propio modo de pensar. Es como matar algo de uno mismo.

 

b) Lo insignificante: la fe en Jesucristo y la Iglesia

 

El Bautismo se recibe en la Comunidad Cristiana y es ella la que hace posible el conocimiento de Jesús. El momento actual, desgraciadamente, también, quiere prescindir, como si fueran insignificantes, de Jesús y su Iglesia. Sin embargo, la historia no se puede borrar. Es verdad que se dan intentos de reescribirla y desautorizar el relato recibido. Pero la historia que narra el Evangelio no es una simple enumeración de acontecimientos, sino la transmisión de la experiencia personal de aquellos que vivieron los hechos. Ese contenido no puede ser ignorado, porque es el que dio origen al relato. Y eso ocurrió en una comunidad cristiana, como una experiencia compartida que, además, impulsó en muchos lugares el bien, el perdón, y la atención a los pobres y los enfermos. Igualmente, hizo posible el progreso, el arte, la cultura y hasta la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Cuando se intenta prescindir del propio bautismo, ¿también se quiere borrar la historia de Jesús, que es Historia de Salvación? Y, a pesar de su pecados, ¿se puede eliminar todo el bien que hizo y sigue realizando la Santa Iglesia?

 

c) Lo indemostrable: el Misterio, el amor, Dios

 

La experiencia que transmite el Evangelio y la propia la experiencia de la fe es algo indemostrable y difícil de expresar. Se trata de una realidad como la del amor, la alegría, la belleza, la felicidad… Algo que se vive, pero que no se puede comprobar científicamente, ni manifestar sino por medio de símbolos. Con ellos, se expresa lo no evidente, pero real: una paloma, una voz, un poco de agua derramada… Todo ser humano está capacitado para aceptar el misterio, que es lo más valioso de la vida. El Bautizado, además, se sabe cualificado para vivir el Misterio de Dios y relacionarse con él, especialmente en la celebración de la Eucaristía y en la oración.

 

En resumen: el Santo Bautismo, que comunicó el Don del Espíritu Santo, habilita para saber quienes somos: cristianos, que se resisten a la mentalidad mundana. Para sentirnos parte de la Iglesia, donde ocurre una Historia de Salvación. Somos parte de esa Historia, herederos de ella, portadores de su buena noticia y constructores de una realidad alternativa, donde sea posible la caridad y la misericordia. Somos personas abiertas al Misterio que nos supera y nos permite vivir realidades indemostrables, pero auténticas y que nos abren a la esperanza de superar el pecado y la muerte.

F. Tejerizo, CSsR

San Mateo 2, 1-11

 

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel"». Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

6 Enero 2022

 

Existe un designio divino establecido desde antes de la Creación. En efecto, previo a la existencia del tiempo, del espacio y de los seres creados, Dios ya tenía establecida la finalidad de su obra. Cuando crea, lo hace para manifestarse. Dios nunca ha querido esconderse. Y tampoco ha pretendido imponerse y coartar la libertad de los seres humanos, creados a su imagen y semejanza, para relacionarse con Él.

 

La solemnidad de la Epifanía celebra que Dios no se oculta y reza para pedir poder llegar a contemplar la belleza del autor de toda la belleza. Este pasaje del Evangelio permite descubrir tres de sus manifestaciones y vivir tres experiencias.

 

a) La experiencia de la belleza: la Estrella

 

Ni la estrella, ni ninguno de los astros, ni nada de cuanto existe, tiene la posibilidad de decidir y determinarse. Es algo que solo el ser humano puede hacer. Pero una estrella no puede cambiar su modo de surcar el espacio, optar por esconderse y saber donde hay un niño para posarse sobre su casa. Dios es quien está en el origen de todo cuanto existe, lo sostiene, lo orienta y lleva a su plenitud. Es algo que también hace con los seres humanos. Él pone en marcha cada corazón, lo sostiene y lo culmina. Contemplar la belleza de las criaturas permite descubrir a Dios. Los Magos, al ver la Estrella, se pusieron en busca del autor de aquella maravilla.

 

b) La experiencia de la Palabra o de Herodes

 

Cuando llegan los Magos a Jerusalén preguntan. El rey Herodes convoca a los sacerdotes y escribas. Ellos, les anunciaron la profecía: "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel".

 

Todos escuchan la Palabra: los Magos, Herodes y los mismos escribas. Después de hacerlo, los primeros se ponen en camino. La Palabra, se ha convertido en luz, que, aunque son paganos, les permite seguir su camino. Herodes, en cambio, que es creyente, no se mueve, sino que prefiere defenderse, manipular, intrigar, mentir…

 

Dios se manifiesta con su Palabra, porque sabe que los seres humanos se entienden hablando. Hay quien la recibe y quien la ignora. Los Magos se dejan guiar a Belén y eluden contagiarse de la mentalidad mundana de intriga, manipulación, estancamiento…

 

c) La experiencia de la fe en el Portal de Belén

 

Cuando los Magos llegan a Belén se encuentran con algo que les desconcierta. Nunca esperaban que el Mesías anunciado fuese un niño débil y pobre. Dios siempre altera todas las previsiones humanas. Entonces, apoyados en aquello que han vivido en el camino realizado y en su propia realidad interior, se postran y adoran al Niño. En aquel momento, su orientación cambia y no vuelven a Herodes. En su interior perciben un oráculo y se deciden a seguir confiando y esperando. Confiar en Dios, que nunca falla, y esperar en su tiempo, que no coincide con el nuestro, y donde acontece su Salvación.

F. Tejerizo, CSsR

San Juan 1, 1-18

 

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de Él se hizo todo, y sin Él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En Él estaba vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de Él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él y grita diciendo: “Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo". Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

DOMINGO 2 NAVIDAD, C

2 Enero 2022

 

Cada domingo la Iglesia actualiza y anuncia la Pascua del Señor. El segundo domingo de la Navidad, que no se celebra todos los años, igualmente es celebración de la Pascua del Señor Resucitado, que antes hubo de encarnarse. Es como un eco o un ahondamiendo de la Navidad. Por ello, se vuelve a proclamar el prólogo del Evangelio según San Juan.

 

El Evangelista ha querido transmitir que Dios es Palabra eterna, Palabra  de vida, Palabra de luz y Palabra de fuerza. Es Palabra existente desde antes de la Creación y origen de toda la realidad. Su fuerza es la que origina la luz, porque es sabiduría divina, que supera todo conocimiento humano.

 

La prepotencia y autosuficiencia del pasado siglo XX llevó a pensar que se podía prescindir de las palabras en favor de las imágenes. Sin embargo, el comienzo del siglo XXI pone de manifiesto la debilidad de la ciencia, la técnica y la pretensión de afirmar la muerte de Dios. Hoy, por el contrario, las palabras vuelven a tener mucha importancia. En efecto, padecemos la pretensión de usar las palabras para generar confusión, ilusión y repetición. Confusión, como consecuencia de un exceso de información, no contrastada y contradictoria, por medio de la radio, la televisión, internet y las redes sociales. Ilusión, formulada por palabras que desarrollan relatos contrarios a la realidad histórica. Las series televisivas son ejemplo del modo en que una narración fantástica vincula y es asumida como real. Y, finalmente, la repetición de una palabra o un mensaje, mediante la publicidad o los creadores de opinión, acaba aceptándose como si su contenido fuera auténtico y no una simple pretensión de imponer algo que, incluso, puede ser contrario a la condición humana.

 

Los seres humanos, por ser imagen y semejanza de Dios, son los únicos capaces de palabras y en el despliegue de su vida realizan la tarea de disponer de ellas. Nacen en silencio; progresivamente asumen las palabras que sus padres les trasmiten, aprenden a emplearlas y a expresarse. Finalmente, se quedan sin palabras.

 

Es cierto que algunos animales y los ordenadores pueden usar palabras, pero se trata de una simple repetición mecánica. Solo los humanos están cualificados para pronunciar tres palabras definitivas y con un contenido que les implica personalmente: te quiero, te perdono y te ayudo. Y solo ellos pueden acoger la Palabra de Dios y corresponderle con las palabras de la fe.

 

El Hijo de Dios, Palabra Eterna, asume esta dinámica propia de la condición humana. Como todo hombre, nace en silencio.  Aprende de sus padres a decirse en lenguaje humano. Y termina, después de afirmar que todo se ha cumplido, en el silencio de la Cruz. Conforme se expresa, revela su misterio: misterio de Dios, a quien nadie ha visto nunca y el Hijo lo ha contado.

 

Finalmente, Jesús lleva a su culminación las palabras humanas. Su modo de amar le hace a dar la vida por sus amigos. Su capacidad de perdonar es fruto de la fuerza de Dios. Y su oferta de ayuda le pone a los pies de sus Discípulos para lavárselos. Su Palabra Reveladora, permite conocer a Dios, ilumina el modo de vivir y otorga la confianza que abre la esperanza de la Resurrección.

F. Tejerizo, CSsR

San Lucas 2, 16-21

 

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacía Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto; conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Octava de Navidad del Señor

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

1 Enero 2022

 

El día octavo, es el día que excede nuestro intento de contar y delimitar el tiempo. Es el signo de la eternidad de Dios, que resulta más expresivo al coincidir con el primer día del año cronológico. Y en este día, la Santa Iglesia quiere celebrar la fiesta solemne de la Santísima Virgen María, Madre de Dios. Se trata de la celebración de un gran misterio de fe, que hasta el año 431 y en el Concilio de Éfeso, había sido muy discutido. Es comprensible, que costara aceptar que Dios tenga una madre de nuestra naturaleza.

 

La maternidad de la Virgen es una “maternidad espiritual”. Con eso quiero decir que es obra del Espíritu Santo, que la cubrió con su sombra como le anunció el Arcángel Gabriel. Su actuación, la convierte en Madre de Jesús, Madre del Salvador y Madre de la Iglesia.

 

Madre de Jesús

 

Santa María, habitada por el Espíritu Santo, concibe en su purísimo seno al Hijo de Dios. Ella, su humilde Esclava, le entrega su cuerpo, y Él toma de Ella la condición humana. Se trata de una experiencia personal, única e interior. San Lucas la ha intentado transmitir al decir que la meditaba en su corazón. Un corazón que comparte con su esposo San José. Sabemos que la realidad del matrimonio conlleva la unidad de la personas que se unen en el amor. Ambos, asistidos por el Espíritu Santo -San José hasta en sueños-, hacen visible que Dios no es extraño a la realidad humana y que el ser humano puede vivir el encuentro con Dios y permitir su irrupción en la propia vida. 

 

Madre del Salvador

 

La maternidad virginal de Santa María la convierte en Madre del Salvador. Según el anuncio del Arcángel, el Niño se llamará Jesús, porque salvará al pueblo de los pecados y heredará el Trono de David. María es el medio necesario elegido por Dios, para que se realice su plan de salvación. Cuando Ella dice “hágase”, se convierte en “Corredentora”. Ciertamente, Dios puede salvar sin la aportación de nadie, pero ha querido todo lo contrario: no imponer su salvación y esperar la correspondencia a su iniciativa. La Virgen, como humilde Esclava del Señor, se deja sorprender y colabora confiadamente en todo aquello que sucede en la vida de Jesús desde su Encarnación. Así, ya lo hace en la Anunciación, cuando ha de guardar silencio. En Belén, al no encontrar alojamiento y tener que cuidar la debilidad de Dios. Ante los pastores y los Magos, al presentarles un Niño, que es el Salvador prometido y buscado. Cuando tiene que huir a Egipto y verse en la responsabilidad de defender al mismo Dios. En las bodas de Caná, al enseñar que hay que hacer todo lo que pide su Hijo. Al pie de la Cruz, al mantenerse firme y dispuesta a recibir de nuevo el Espíritu, que ahora entrega su Hijo crucificado. Y, por último, al mantenerse esperanzada y sin acudir al Sepulcro, con la seguridad de que es imposible que la muerte acabe con Dios. Ella siempre confía en la iniciativa divina, sabe que Él no falla, ni se equivoca y que siempre cumple sus promesas.

 

Madre de la Iglesia

 

Otra de las sorpresas de María es descubrir la intención de su Hijo al reunir un grupo de amigos, que luego serán su Iglesia. Tendrá que sufrir la infidelidad y traición de algunos. Y se verá en la responsabilidad de convocarlos y reunirlos, para la oración a la espera de Pentecostés. Con la Iglesia naciente, aguarda la efusión de aquel mismo Santo Espíritu, que actuó en la Anunciación y que acogió entregado por Jesús desde la Cruz. También, es el que hemos recibido en el Bautismo y la Confirmación. Su actuación realiza una comunión indestructible en Cristo, por Él y con Él. Así, se conforma un solo cuerpo del que Él es la cabeza. Y, por tanto, Santa María es la Madre de Cristo y de todos los que forman parte de Él. Ella es Madre de la Iglesia, del Cuerpo Místico del Señor. Es la Madre del cuerpo humano del Señor; la Madre de su cuerpo, que es la Iglesia y la Madre del Señor, presente en el Sacramento de la Eucaristía. Comulgar con Él es ser uno con Cristo, hijo de Santa María.

F. Tejerizo, CSsR

San Lucas 2, 41-52

 

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que se enteraran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura, y en gracia ante Dios y ante los hombres.

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

Domingo dentro de la Octava de Navidad, C

26 Diciembre 2021

 

Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia. Es decir, como cualquier otro hombre. El Verbo Eterno de Dios, despojándose de su condición divina, asume la realidad humana con todas las consecuencias, menos una: la del pecado. Crece y madura como todo hombre. Aprende a sentir igual que los hombres y asume el dolor, la enfermedad y la muerte. Como cualquier hombre, tiene un tiempo, una tierra, una cultura, una historia…; y una familia, con padres y abuelos, que son integrantes del clan del Rey David.

 

La liturgia de este domingo de la Octava de Navidad reza para pedir que la Sagrada Familia sea modelo de las familias cristianas. Esas familias, no se reducen a padres e hijos, sino que son también cualquier comunidad cristiana: parroquia, asociación, grupo… La mentalidad contemporánea ve a la Iglesia como una institución y estructura, pero la realidad de cualquier comunidad cristiana se parece más a una familia: a la familia de los hijos de Dios.

 

Jesús asimila de María y José su fe judía, la Ley de Moisés y las prácticas propias de su religión. Por ello, acude, según su costumbre familiar, a Jerusalén para celebrar y vivir la fiesta de Pascua.

 

Con sus padres, el Señor también aprende humanidad. La familia es el espacio oportuno para eso y para curar heridas. Cuando otras relaciones fallan, permanecen los vínculos familiares.

 

Jesús recibe una buena educación, que le permite madurar como persona. Con doce años, ya no es un niño. Hoy lo llamaríamos “chico”. Su madurez queda constatada cuando se dice que sus interlocutores estaban atónitos. Él no se aísla. Al contrario, sabe salir, estar y relacionarse. Por ello, conecta con las personas y hace que las personas se relacionen. Hasta sus padres se ven en situación de superar su círculo y abrirse para buscarlo.

 

En este pasaje del Evangelio hay otros indicios muy importantes. En una sociedad patriarcal, la Virgen es quien habla. Entre los esposos existe una comunión tan fuerte, que hace posible que el padre guarde silencio. La pregunta de la Madre también es la suya. Y cuando ella guarda la respuesta en su corazón, también José la guarda en el suyo. Ambos esposos tienen un mismo sentir y un mismo corazón: unos mismos sentimientos, igual responsabilidad y complementariedad.

 

La pregunta que formula la Madre no es un reproche, ni una censura, ni una amenaza o condena. Solo pregunta el porqué de la conducta del Hijo. Y la respuesta del Hijo es otra pregunta, que apela a la confianza: tú ya me conoces, Madre, estaba en las tareas que me corresponden. Es igual que decir: ¿Dónde iba a estar? Pues en el colegio, en mi lugar, cumpliendo con mi deber. Así pues, el niño ha crecido asumiendo su identidad y descubriendo su propio misterio personal: sabe quién es y no se dejará manipular.

 

Por otra parte, la respuesta de Jesús descoloca a los padres. Pero eso también es lo normal. Con mucha frecuencia los hijos sorprenden a sus padres y también les ayudan a madurar. Además, los tres días que le buscan, será posteriormente una buena referencia de crecimiento en la fe tanto para la Virgen y como para toda comunidad cristiana, pues tres días serán precisos para que crezca le fe y sea posible el encuentro con el Resucitado.

 

Toda familia y comunidad cristiana, reunida en nombre de Señor es, por consiguiente, un ámbito donde el Señor está presente. Él, fiel a su promesa, lo está cuando dos o más se reúnen en su nombre. Así, es el contexto adecuado para una educación en la fe y en humanidad. Una fe, que vive la presencia de Señor. Una humanidad, que sabe generar encuentro, diálogo y acompañamiento, sin competitividades, reproches, o exasperaciones. Se trata de todo un desafío en nuestra situación actual de laicismo, agresividad y acentuación de extremismos excluyentes. Por eso precisamente, la educación no ha de ser encomendada a personas o estructuras extrañas a la familia. Es verdad que no toda familia es perfecta, como tampoco lo es toda comunidad cristiana. En consecuencia, conviene la referencia de la Sagrada Familia. En ella no tiene lugar el pecado, ni por Jesús, ni por la Santísima Virgen. Y eso la convierte en modelo de convivencia, complementariedad e iniciación en la fe y en humanidad.

F. Tejerizo, CSsR

San Juan 1, 1-18

 

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de Él se hizo todo, y sin Él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En Él estaba vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de Él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él y grita diciendo: “Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo". Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

SOLEMNIDAD DE LA NAVIDAD DEL SEÑOR

25 Diciembre 2021

 

“A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito es quien lo ha dado a conocer” (cf Jn 1, 18). “Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser” (cf. Hb 1, 1-6). Por eso, el mensaje de este día de Navidad repite: “Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios” (cf Sal 97). En efecto, los confines de la tierra y nosotros.

 

El Verbo es la Palabra creadora de Dios. Es la sabiduría divina, que sobrepasa toda sabiduría y conocimiento humano. Es el Ángel de Dios, que acompaña al pueblo que camina en tinieblas, para que le brille la luz de la Navidad. Por Él, hemos recibido toda gracia: el perdón de los pecados, la esperanza de la resurrección, el don del Espíritu Santo, la Salvación

 

El Verbo es Dios, y es compatible con la condición humana, porque solo los seres humanos, imagen y semejanza del Creador, son capaces de la palabra. En este momento histórico y cultural, que se empeña en separar la fe de la realidad humana, es muy importante insistir en que el Verbo de Dios, dejando su condición divina, se abaja, se humilla, hasta hacerse carne humana en el seno purísimo de la Virgen y en la gruta de Belén. Su amor y su misericordia, que le hicieron crear, es el mismo amor y la misma misericordia, que le hicieron encarnarse y ponerse hasta lavar los pies humanos. El Verbo es carne humana, es pan comible en la Eucaristía. Dios no es incompatible con la condición humana.

 

El Verbo de Dios es palabra que se comparte. Se recibe en uno mismo, que se convierte para quienes están al lado, en portador del mensaje y revelación divina. Entonces, para transmitir la Palabra de Dios, se requiere desprenderse de la propia autosufiencia y autoimagen, y de los roles desempeñados, para permitir que el Verbo, como espada de doble filo, penetre hasta lo más profundo de la propia realidad y se pueda decir aquello que se ha visto, vivido, del Verbo de la vida.

 

El Verbo de Dios reclama cooperadores de la salvación. Aceptar la iniciativa de la voluntad de Dios en la propia vida, a pesar de las propias resistencias, urge a disponerse para colaborar con sus proyectos de Salvación. En esa oferta, está el atractivo de la novedad y la razón de toda esperanza.

F. Tejerizo, CSsR

San Lucas 2, 1-14

 

Sucedió en aquellos días, que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente, un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: “No temáis, os anuncio una buena noticia que será la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.

SOLEMNIDAD DE LA NAVIDAD DEL SEÑOR

En la Noche Santa del 24 al 25 Diciembre 2021

 

En esta Noche Santa, “Se ha manifestado la gracia de Dios” (Tit 2, 11). Esa gracia divina hace posible vivir el Misterio de la Navidad. Y conforme pasan los años, y se permanece en la fe del Bautismo, crece progresivamente la confianza en el Señor, que no abandona nunca a nadie, ni a la totalidad de su obra.

 

En este pasaje del Evangelio hay tres sentimientos propios de esta Noche Santa, que son: la inquietud, la incertidumbre y la adoración.

 

a) La inquietud

 

Es propia de los pastores, que escucharon el anuncio de los ángeles. Resulta fácil identificarse con ellos. Cualquiera que viva la fe siente la necesidad de ponerse en camino y adentrarse en las tinieblas de la noche y buscar. Se trata de aquella oscuridad de la fe, que cantó San Juan de la Cruz: Que bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche”. También los pastores, después de recibir el anuncio de los ángeles, se levantan, se desprenden del sueño, se adentran en la noche, se ponen en camino, abandonan sus roles y apariencias, descuidan sus ganados y temores. Buscan y encuentran al Niño y le ofrecen sus regalos. Nosotros, como ellos, esta noche también renovamos nuestra ofrenda y consagración  al Señor.

 

b) Incertidumbre

 

Es propia de la Virgen y San José. El gozo del nacimiento del Señor, como el gozo de la fe, va a acompañado por la incertidumbre de la misma fe, que es luz y oscuridad a un tiempo. La Virgen se encuentra con el Hijo de Dios y, con ella, San José. ¿Y qué hacen con Dios? Le ponen incienso o le alimentan? Ante ellos se impone lo evidente: Dios es un Niño desvalido. Por tanto, hay que cuidarlo, abrigarlo, alimentarlo, protegerlo… Desde esta noche, para María y San José, se abre un horizonte de incertidumbre que llega hasta el Calvario y el Sepulcro. Del mismo modo ocurre a quienes se atreven a aceptar en su vida la voluntad de Señor: solo cabe ir de incertidumbre en incertidumbre y crecer en confianza en la voluntad de Señor y en su providencia, que nunca abandona.

 

c) Adoración

 

En la Noche de la Navidad hasta los mismo ángeles quedaron desconcertados por el nacimiento del Salvador. Se encontraron con lo imprevisto de Dios, igual que los pastores, que la Virgen y San José, y hasta cada uno de nosotros. Los planes de Dios siempre alteran toda seguridad. Ante la grandeza del abajamiento divino, los ángeles hicieron aquello que le es propio: adoraron al Señor, fueron sus enviados y cantaron la gloria de Dios. Nuestra fe asombrada, hace lo mismo: adoramos al Señor, que ha querido poner su morada entre nosotros. Le rezamos y pedimos, que tenga piedad de nosotros, que nos bendiga, que incline su mirada y nos conceda su Salvación.

F. Tejerizo, CSsR

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